Autor/a
Saracota
Categoria
Relat lliure
Amores congelados
En la parada de Travesera de Gracia junto a Muntaner, Ana sube a un autobús de la línea 27. Los asientos destinados para gente mayor o con problemas, como es habitual están ocupados por personas a los que no les corresponde, pero una joven muy amable se levanta para cederle el suyo.
Ana mira por la ventanilla mientras sin querer oye la conversación de un hombre con su hijo de unos doce años.
̶ ¿Sabes que hoy es San Valentín y debería tener un detalle con tu madre?
̶ ¿Por qué no le escribes una nota como, por ejemplo, “todos los que vivimos en esta casa te queremos” o “mi amor por ti será eterno” y la metemos en la nevera o en el congelador para que ella la encuentre? -contesta el hijo.
El padre sonríe a Ana y Ana sonríe al padre, mientras piensa en ese amor eterno congelado.
¿Cuántos amores tiene ella congelados?
Andrés su primer novio, que la venía a buscar a la puerta del colegio; quizá el amor más inocente, más puro, el de los sueños imposibles. Miguel, el amor de un verano con sabor a sal, a baños de mar en playas solitarias en donde las dunas eran sus únicos testigos. Ya en la universidad, amores fugaces que no dejan huella, hasta que apareció él, el encantador de serpientes al que nunca le pudo negar nada. Sin duda el gran amor de su vida, el que la hizo más feliz y a la vez más desgraciada.
Ana abandona sus pensamientos y baja del autobús. Al llegar a casa abre la puerta del congelador y deposita una nota con un corazón.
Ana mira por la ventanilla mientras sin querer oye la conversación de un hombre con su hijo de unos doce años.
̶ ¿Sabes que hoy es San Valentín y debería tener un detalle con tu madre?
̶ ¿Por qué no le escribes una nota como, por ejemplo, “todos los que vivimos en esta casa te queremos” o “mi amor por ti será eterno” y la metemos en la nevera o en el congelador para que ella la encuentre? -contesta el hijo.
El padre sonríe a Ana y Ana sonríe al padre, mientras piensa en ese amor eterno congelado.
¿Cuántos amores tiene ella congelados?
Andrés su primer novio, que la venía a buscar a la puerta del colegio; quizá el amor más inocente, más puro, el de los sueños imposibles. Miguel, el amor de un verano con sabor a sal, a baños de mar en playas solitarias en donde las dunas eran sus únicos testigos. Ya en la universidad, amores fugaces que no dejan huella, hasta que apareció él, el encantador de serpientes al que nunca le pudo negar nada. Sin duda el gran amor de su vida, el que la hizo más feliz y a la vez más desgraciada.
Ana abandona sus pensamientos y baja del autobús. Al llegar a casa abre la puerta del congelador y deposita una nota con un corazón.