Autor/a
Anais
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Coincidencia en la Línea 9

Se habían visto por primera vez en un Rodalies cualquiera, un día gris entre Sants y Mataró. Ella iba leyendo, él escuchando música, pero sus miradas se cruzaron lo suficiente como para que ambos recordaran ese instante durante semanas. Nunca se dijeron nada. Nunca una palabra. Solo coincidencias silenciosas: el mismo vagón, la misma hora, la misma sensación de que algo estaba a punto de empezar… pero ninguno se atrevía.

Pasó el tiempo. Y un día, sin planearlo, volvieron a encontrarse. Esta vez en la Línea 9, dirección aeropuerto. Ella subió en Zona Universitària; él ya estaba sentado, mirando por la ventana. Cuando la vio entrar, se quedó paralizado. Ella también. Era imposible no reconocer a alguien que había aparecido tantas veces en sus pensamientos.

—Tú… —dijo él, sorprendido pero sonriendo.

—Sí… creo que nos hemos visto antes —respondió ella, sintiendo cómo el corazón le latía más rápido.

La conversación empezó tímida, casi torpe. Pero en cuestión de minutos ya estaban riendo, compartiendo historias, confesando que ambos se habían fijado en el otro desde aquel primer viaje en Rodalies. El metro avanzaba, y con cada parada la conexión entre ellos crecía como si siempre hubiera estado allí, esperando.

Cuando llegaron al aeropuerto, descubrieron la primera casualidad.

—¿Terminal 1? —preguntó él.

—Sí, ¿tú también?

La segunda casualidad llegó en el control de seguridad: ambos llevaban el mismo destino en la tarjeta de embarque.

—¿Vas a Lisboa? —preguntó ella, incrédula.

—No puede ser… yo también.

Rieron, sorprendidos, pero lo mejor aún estaba por llegar. Al entrar en el avión, se quedaron quietos al ver sus asientos.

—34A —dijo ella.

—34B —añadió él.

Se miraron como si el universo les hubiera guiñado un ojo.

—Esto ya no puede ser casualidad —dijo él, riendo.

—O sí… pero de las buenas —respondió ella.

Durante el vuelo hablaron sin parar, como si recuperaran todo el tiempo perdido. Descubrieron que habían reservado hotel en la misma zona, que sus planes eran parecidos, que sus ganas de vivir algo nuevo coincidían demasiado como para ignorarlo.

Cuando aterrizaron, él tomó aire y dijo:

—Podríamos hacer el viaje juntos… si quieres.

Ella no dudó.

—Me encantaría.

Y así, lo que empezó como dos desconocidos que nunca se atrevieron a hablar en Rodalies, se convirtió en un viaje compartido. Un viaje que cambió sus vidas gracias a una conversación inesperada en la Línea 9.

A veces el destino no grita.
A veces solo espera a que subas al tren correcto.