Autor/a
New Trinity
Categoria
Relat lliure
Correspondencia con L4
-“Pròxima estació: Passeig de Gràcia. Correspondència amb línia 4”.
Ana se levantó del asiento y se quedó de pie frente a la puerta. Tenía miedo de sumergirse en sus pensamientos y pasarse de parada. No sería la primera vez..
Miró su reflejo en el cristal, se arregló el flequillo y miró por enésima vez el móvil. Toni había dejado el whatsapp en visto pero no contestó. Bajó del vagón y buscó el enlace con la línea 4 por el andén prácticamente vacío. En la escalera mecánica volvió a mirar el móvil. Quizá él había llegado ya al punto de encuentro.
Enfiló el eterno pasillo desierto. Vibró el móvil. Un Whatsapp. “Ya estoy aquí”. La salida estaba allí, justo al final a la derecha. Ana contestó: “Ya llego, estoy en el pasillo”. Aceleró el paso pero el pasillo no terminaba nunca. En las paredes, imágenes proyectadas de muñecos virtuales con voces chillonas que parecían burlarse de sus pasos cada vez más cortos.
Ana ya no caminaba; corría. El suelo se deslizaba bajo sus pies, como una cinta transportadora. El pasillo seguía solitario e inundado de música estridente. Miró hacia atrás. Nadie. Sólo podía correr. Cada vez estaba más cerca del final del pasillo. Podía ver la luz de la calle y la taquilla. Corre. Un poco más. Sprint final…
-¿Está usted bien? –le preguntó la supervisora.
Estaba al pie de la escalera de la calle, la gente la esquivaba. En el pasillo eterno, ahora lleno de transeúntes, se proyectaban imágenes de bosques creados con IA y un músico callejero tocaba una canción de Sabina.
- Sí –contestó atónita Ana. Es que… tengo prisa.
Recuperó el aliento, tomó la escalera mecánica y salió a la calle. Entre el bullicio de los turistas, estaba Toni, que afirmó mientras la abrazaba:
-Has tardado… ¡Ese maldito trasbordo cada día es más largo!
-No te imaginas cuánto...
Ana se levantó del asiento y se quedó de pie frente a la puerta. Tenía miedo de sumergirse en sus pensamientos y pasarse de parada. No sería la primera vez..
Miró su reflejo en el cristal, se arregló el flequillo y miró por enésima vez el móvil. Toni había dejado el whatsapp en visto pero no contestó. Bajó del vagón y buscó el enlace con la línea 4 por el andén prácticamente vacío. En la escalera mecánica volvió a mirar el móvil. Quizá él había llegado ya al punto de encuentro.
Enfiló el eterno pasillo desierto. Vibró el móvil. Un Whatsapp. “Ya estoy aquí”. La salida estaba allí, justo al final a la derecha. Ana contestó: “Ya llego, estoy en el pasillo”. Aceleró el paso pero el pasillo no terminaba nunca. En las paredes, imágenes proyectadas de muñecos virtuales con voces chillonas que parecían burlarse de sus pasos cada vez más cortos.
Ana ya no caminaba; corría. El suelo se deslizaba bajo sus pies, como una cinta transportadora. El pasillo seguía solitario e inundado de música estridente. Miró hacia atrás. Nadie. Sólo podía correr. Cada vez estaba más cerca del final del pasillo. Podía ver la luz de la calle y la taquilla. Corre. Un poco más. Sprint final…
-¿Está usted bien? –le preguntó la supervisora.
Estaba al pie de la escalera de la calle, la gente la esquivaba. En el pasillo eterno, ahora lleno de transeúntes, se proyectaban imágenes de bosques creados con IA y un músico callejero tocaba una canción de Sabina.
- Sí –contestó atónita Ana. Es que… tengo prisa.
Recuperó el aliento, tomó la escalera mecánica y salió a la calle. Entre el bullicio de los turistas, estaba Toni, que afirmó mientras la abrazaba:
-Has tardado… ¡Ese maldito trasbordo cada día es más largo!
-No te imaginas cuánto...