Autor/a
Yolian
Categoria
Relat lliure
De carne y hueso
Viajo cada día con gente que no sabe que llevo una casa entera derrumbándose por dentro.
Aunque si lo supieran, no cambiaría nada. El metro seguiría avanzando igual.
Cada día la misma escena: personas con la cara atrapada en una vida digital. Pantallas encendidas, dedos que se mueven sin levantar la vista. Vidas pulidas, editadas, impecables. Aquí dentro nadie parece tener grietas.
A veces, algún señor o alguna señora se sienta a mi lado y me habla. Del tiempo, de lo caro que está todo, de las pensiones que no alcanzan. Historias pequeñas que a casi nadie le importan. Nadie les escucha. Yo sí. No porque me las pidan, sino porque necesitan decirlas.
En sus arrugas hay vidas enteras. Y mientras hablan, por un momento, dejo de sentirme invisible. Dejo de ser un número en un trabajo monótono o un perfil más en una red social donde escondo mis desgracias y aparento estar bien. Como todos.
Antes, dicen, la gente era más de carne y hueso. Yo pienso que lo sigue siendo, pero que ahora lo disimula mejor.
Somos cientos de personas viajando en el mismo vagón. No nos conocemos. No sabemos nada real los unos de los otros. Y, sin embargo, conocemos las intimidades de cientos de desconocidos en las redes sociales.
El metro avanza. Yo también.
Con todo dentro. Sin que se note.
Aunque si lo supieran, no cambiaría nada. El metro seguiría avanzando igual.
Cada día la misma escena: personas con la cara atrapada en una vida digital. Pantallas encendidas, dedos que se mueven sin levantar la vista. Vidas pulidas, editadas, impecables. Aquí dentro nadie parece tener grietas.
A veces, algún señor o alguna señora se sienta a mi lado y me habla. Del tiempo, de lo caro que está todo, de las pensiones que no alcanzan. Historias pequeñas que a casi nadie le importan. Nadie les escucha. Yo sí. No porque me las pidan, sino porque necesitan decirlas.
En sus arrugas hay vidas enteras. Y mientras hablan, por un momento, dejo de sentirme invisible. Dejo de ser un número en un trabajo monótono o un perfil más en una red social donde escondo mis desgracias y aparento estar bien. Como todos.
Antes, dicen, la gente era más de carne y hueso. Yo pienso que lo sigue siendo, pero que ahora lo disimula mejor.
Somos cientos de personas viajando en el mismo vagón. No nos conocemos. No sabemos nada real los unos de los otros. Y, sin embargo, conocemos las intimidades de cientos de desconocidos en las redes sociales.
El metro avanza. Yo también.
Con todo dentro. Sin que se note.