Autor/a
Isa.V
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
IETN
Relat escolar

Donde el tiempo se detiene

Una mañana más. Las mismas personas se despiertan y se suben al metro sin fijarse en los demás. A medio trayecto, el metro se detiene de golpe.
Genial, ahora hay un corte de luz, llegaré tarde al trabajo, piensan todos.
Es entonces cuando, por primera vez en mucho tiempo, hablan entre sí, aunque sea para quejarse.
De pronto, el metro vuelve a ponerse en marcha y todos se tranquilizan. Se detienen en la estación “Catalunya”. Todos iban sumidos en sus pensamientos hasta que alguien levantó la mirada y gritó:
—¡Miren!
Todos, por fin, alzaron la vista.
Vieron la misma estación de siempre, pero era como si se hubiera quedado atrapada en el tiempo. Había carteles pegados por doquier: “Gran inauguración del Metro de Barcelona”.
—Qué tontería, es solo para celebrar los 100 años —se escuchaba alrededor.
Cuando salieron de la estación, hubo un silencio total. Todo parecía haberse quedado atrapado en el tiempo. De pronto, se dieron cuenta de que todo era real: habían retrocedido hasta 1924.
Alguien sugirió que intentarán volver al metro, ya que, si el metro los había traído allí, también podría devolverlos. Bajaron aglomerandose en la entrada, pero aquellas puertas no tenían ninguna intención de abrirse.
Alguien miró las paradas: Lesseps, Diagonal, Aragó y Catalunya.
—¿Y si vamos caminando a la estación más cercana? Tal vez el metro sí funcione allí.
Finalmente, se dispusieron a caminar entre las sabias y desgastadas calles hasta que, por fin, llegaron a la estación de Aragón y bajaron rápidamente.
Al entrar, se llevaron una gran sorpresa: la estación estaba cubierta de polvo. También había latas y agua embotellada por doquier. Sin duda, eso había sido utilizado como refugio.
Entonces alguien gritó:
—Estamos en la época de la guerra civil, hemos avanzado hasta 1937.
Al ver el metro, estaba super roto y no parecía que fuera a funcionar. Sin embargo, abrieron las puertas, subieron y este simplemente comenzó a avanzar.
La alegría empapaba el ambiente como no lo había hecho nunca entre aquellos desconocidos, que por fin habían comenzado a hablar entre sí, dándose cuenta de todo lo que tenían en común.
El viaje en el metro fue breve, pero se sintió como décadas.
Al detenerse bajaron emocionados Aquella estación sí que parecía mucho más actual: había publicidad de “Olimpiadas Barcelona 92” por donde sea que miraras. Les habría gustado ver la ciudad en el esplendor de las olimpiadas, pero, temiendo que el metro se fuera sin ellos, decidieron no salir de la estación.
Volvieron a subir al metro, el cual se había transformado en un metro propio de la época. Y este comenzó a avanzar.
De pronto, se detuvo en seco. La luz se apagó. Era el mismo apagón con el que todo había comenzado.
En unos minutos, el metro volvió a avanzar y todos, rebosantes de emoción, observaban con esperanza cómo llegaban a la estación.
Se abrieron las puertas y, al mirar alrededor, había carteles: “100 años de TMB”.
Un par de personas esperaban el metro. El parlante anunciaba un concurso para celebrar el aniversario del TMB. Y una multitud de gente emocionada bajaban, todos a la vez, de un metro que, en unos minutos, había contado su historia.
Aquellas no eran las mismas personas que habían subido. Algo dentro de ellas había cambiado. Se dieron cuenta de que el metro siempre había estado allí y de que lo habían dado por sentado todo ese tiempo.
Aquel viaje no fue el primero ni el último. Aquel metro seguirá contando su historia a quienes necesiten oírla, pero no quieran escucharla.