Autor/a
Yolian
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

El asiento vacío

Hay algo que me pasa siempre en el metro y que ya no puedo considerar casualidad:
nadie se sienta a mi lado.
Puedo estar en un vagón medio lleno, con un asiento libre justo a mi derecha, y la gente prefiere quedarse de pie o elegir otro sitio más lejos. A veces lo observo con curiosidad científica. Otras con una dignidad ofendida bastante contenida.
No entiendo muy bien por qué.
Voy discreta. Abrigo negro. Mochila antirrobo negra. Neutra. Maquillada en ese estilo que se llama “no makeup” y que en realidad requiere más esfuerzo del que parece. Ojeras de mapache, las de siempre. Pelo limpio. Yo limpia. Duchada, perfumada, pulcra. Mi mochila perfectamente ordenada, como si el orden exterior pudiera compensar el interior.
No ocupo espacio. No invado. No hago ruidos raros. No hablo sola. No lloro. No sonrío de manera inquietante. Simplemente estoy.
Quizá es la cara. Puede que tenga expresión de “no me hables”. O de “llevo demasiadas cosas dentro”. O de “soy amable, educada, pero no hoy”. No lo sé. El caso es que el asiento sigue vacío.
A veces alguien se acerca, duda, mira el asiento… y decide no. Me dan ganas de decirle que no muerdo. Que no pasa nada. Que estoy bastante bien, dentro de lo que cabe. Pero no digo nada. Mantengo mi pose de persona funcional.
El metro avanza. La gente entra y sale. El asiento sigue libre. Yo empiezo a pensar que debería poner un cartel: puedes sentarte, prometo no derrumbarme.
Cuando anuncian mi parada, me levanto. Justo entonces, alguien ocupa el asiento. Siempre pasa así. Como si el problema no fuera el sitio, sino yo.
Salgo del vagón con mi mochila antirrobo, mis ojeras y mi educación intactas.
Mañana volveré.
El asiento volverá a estar vacío.
Y yo seguiré sin saber qué cara pongo.