Autor/a
Helena
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 anys
Centre escolar
Col·legi Canigó de Barcelona
El chico del último metro
Metro de Barcelona. La gente siempre parece igual: cansada, callada y mirando el móvil como si no hubiera un mañana.
Esa noche, no.
Era tarde y el vagón estaba medio vacío. Una mujer de pelo rojo chillón leía un libro enorme; un chico estaba sentado en el suelo con los auriculares; un hombre trajeado no paraba de mirar el reloj como si llegara tarde.
Yo estaba apoyada en la puerta intentando no pensar en el examen de mates que tenía al día siguiente.
De pronto, entró él. Tendría unos 16-17 años, pelo oscuro despeinado y una mochila que parecía muy pesada. Miró en el vagón como si buscara a alguien. No parecía nervioso... Pero sí, atento. Se sentó a mi lado. Al cabo de unos segundos, levantó la vista y me miró.
- Oye-, dijo en voz baja. Si en la próxima estación suben dos hombres de aspecto extraño, baja del metro.
Me quedé mirándolo inquieta. ¿Perdón?...
En la siguiente estación, subieron dos hombres sospechosos. El chico me tomó del brazo y me hizo apearme.
- ¿Se puede saber que está pasando? Le pregunté gritando mientras corríamos por la estación.
Me respondió: - Es una larga historia. Brevemente, mi mochila tiene algo que quieren.
-¿Algo como qué?- Pregunté asustada.
- Algo que puede cambiar mucho las cosas- , respondió.
- Si alguien te pregunta, tú solo cogías el metro - Me advirtió ajustándose la mochila. Dos segundos después desapareció entre la multitud.
Permanecí callada pensando en lo extraño que era todo aquello. Todo parecía normal otra vez. Pero, desde entonces, cada vez que alguien entra en el vagón con una mochila pesada, no puedo evitar preguntarme ¿qué estará llevando realmente?
Esa noche, no.
Era tarde y el vagón estaba medio vacío. Una mujer de pelo rojo chillón leía un libro enorme; un chico estaba sentado en el suelo con los auriculares; un hombre trajeado no paraba de mirar el reloj como si llegara tarde.
Yo estaba apoyada en la puerta intentando no pensar en el examen de mates que tenía al día siguiente.
De pronto, entró él. Tendría unos 16-17 años, pelo oscuro despeinado y una mochila que parecía muy pesada. Miró en el vagón como si buscara a alguien. No parecía nervioso... Pero sí, atento. Se sentó a mi lado. Al cabo de unos segundos, levantó la vista y me miró.
- Oye-, dijo en voz baja. Si en la próxima estación suben dos hombres de aspecto extraño, baja del metro.
Me quedé mirándolo inquieta. ¿Perdón?...
En la siguiente estación, subieron dos hombres sospechosos. El chico me tomó del brazo y me hizo apearme.
- ¿Se puede saber que está pasando? Le pregunté gritando mientras corríamos por la estación.
Me respondió: - Es una larga historia. Brevemente, mi mochila tiene algo que quieren.
-¿Algo como qué?- Pregunté asustada.
- Algo que puede cambiar mucho las cosas- , respondió.
- Si alguien te pregunta, tú solo cogías el metro - Me advirtió ajustándose la mochila. Dos segundos después desapareció entre la multitud.
Permanecí callada pensando en lo extraño que era todo aquello. Todo parecía normal otra vez. Pero, desde entonces, cada vez que alguien entra en el vagón con una mochila pesada, no puedo evitar preguntarme ¿qué estará llevando realmente?