Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
Institució Igualada
Relat escolar

El desastre en el tren

Un día, José decidió hacer algo diferente. Estaba cansado de la rutina: despertarse, ir al trabajo, volver a casa y repetir siempre lo mismo. Necesitaba un cambio. Entonces recordó que cerca de Barcelona había un lago hermoso, rodeado de árboles y montañas, con el agua clara y tranquila. Pensó que sería el lugar perfecto para hacer un picnic y relajarse lejos del ruido de la ciudad. Por la mañana, preparó su mochila con cuidado. Guardó comida, agua, galletas, fruta y una manta para sentarse. También llevó un libro, aunque no sabía si tendría tiempo para leerlo. Revisó varias veces que no olvidara nada, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo, ya que era la primera vez que viajaba solo en tren. Al llegar a la estación, todo le pareció grande y abrumador. Había mucha gente caminando deprisa, trenes entrando y saliendo, anuncios por los altavoces y un ruido constante. Aun así, logró comprar su billete tras observar con atención las máquinas. Luego se sentó a esperar, imaginando el lago: el reflejo de los árboles en el agua, la brisa suave y el canto de los pájaros. Cuando el tren llegó, subió a tiempo y se sentó junto a la ventana. Poco a poco, la ciudad quedó atrás y el paisaje se transformó en campos verdes. José empezó a relajarse, disfrutando del viaje. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que había olvidado el billete en el banco de la estación. Buscó desesperadamente en sus bolsillos y en la mochila, pero no lo encontró. Tuvo que bajar en la siguiente parada, triste y frustrado, viendo cómo el tren se alejaba. Durante unos minutos pensó en regresar a casa, pero decidió no rendirse. Compró otro billete y esperó al siguiente tren, esta vez guardándolo con mucho cuidado. Al subir de nuevo, todo parecía mejorar. Se sentó y contempló el paisaje iluminado por el sol, sintiendo cómo la calma regresaba. De repente, las luces del tren se apagaron y este se detuvo dentro de un túnel. Todo quedó en oscuridad. La gente comenzó a inquietarse, algunos encendieron sus móviles. El ambiente se volvió frío y tenso. José sintió miedo, pero intentó mantenerse tranquilo. Pasó el tiempo sin explicaciones, así que, al ver un martillo de emergencia, tomó una decisión impulsiva y rompió la ventana. El estruendo sorprendió a todos. Con cuidado, salió del tren. Afuera estaba oscuro y hacía frío, pero empezó a caminar por el túnel siguiendo las vías hasta encontrar la salida. Cansado y con dolor en los pies, no se detuvo. Finalmente, llegó al lago. El sol estaba bajando y el agua reflejaba tonos naranjas, rosas y dorados. El lugar era tranquilo y casi mágico. José extendió la manta, sacó la comida y se sentó a descansar. Observó cómo el viento movía las hojas y cómo el silencio lo envolvía todo. Mientras comía, recordó todo lo ocurrido. Había sido un día difícil, pero también una gran aventura que lo hizo sentirse vivo y valiente. Sonrió, sintiéndose en paz. Antes de irse, se prometió volver cada mes a ese lago para recordar aquella experiencia.