Autor/a
Marzo
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 anys
Centre escolar
Col·legi Sant Marc de Sarrià
Relat escolar

El día del examen

Era un día muy importante, tenía mi examen final, el último examen antes de la Selectividad.

Me levanté temprano, me vestí, desayuné y me fui. Estuve esperando el metro diez minutos, luego avisaron de que se había parado por una tercera persona y que habría retrasos, así que decidí ir en bus. Salí a paso acelerado, ya que el tiempo no me sobraba. Llegué a la parada y di por hecho que faltaban dos minutos más o menos como siempre a esa hora. Esperé mientras iba repasando mis apuntes para el examen.
En un momento determinado me di cuenta de que llevaba mucho tiempo repasando, alcé la vista para ver cuánto quedaba para el bus y faltaban quince minutos. Me levanté, ya estresada por todos los retrasos y entré a la app de bicing para ver si quedaban bicings por la zona. Para mi suerte sí quedaban, fui ya casi corriendo al punto de bicings y para cuando llegué no quedaba ni una, las habían pillado justo delante de mí.

Cabreada ya por lo sucedido decidí llamar a alguna amiga para ver si me podía acercar. Llamé a cinco amigos y ninguno me contestó, dos de mis amigos incluso tenían el móvil en no molestar y no recibieron la llamada. Ya no sabía qué hacer, el examen era dentro de nada y no había manera de llegar a la hora.

Empecé a correr para ver cuánto faltaba en la parada de bus en la que estaba antes y se fue justo delante de mí y para el que venía después de este le faltaban veinte minutos. Mire la app de bicing para ver si quedaba alguno y había tres bicings en un punto de bicing que estaba a ocho minutos caminando. Si conseguía llegar a por un bicing llegaba justa a la hora. Corrí lo más rápido que pude y cuando llegué solo quedaba un bicing, me subí y fui lo más rápido que pude.
Llegué al punto donde se hacía el examen, miré la hora y llegaba justa, dejé mi bicing y cuando llegué a la puerta me di cuenta de que no había nadie, llegaba justa, pero no tanto como para que no hubiera nadie alrededor y tampoco tan tarde como para que la puerta ya estuviera cerrada. Llamé al timbre una vez, dos veces, tres veces, hasta que me abrió el señor de la limpieza, me miró con una cara de sorpresa total y me preguntó qué hacía ahí. Ni siquiera contesté, mire mis apuntes y él lo entendió

—Hoy es festivo, hoy no se trabaja, yo he venido a buscar unas cosas que me había dejado.

Y entonces lo entendí todo, por eso los buses tardaban tanto y los bicings estaban agotados, era festivo y los buses no pasaban tan frecuentemente y la gente optaba más por ir en bicing a los sitios como acabé haciendo yo.

Me disculpé con el señor de la limpieza y me fui de camino a casa a estudiar que mañana sí que era el día del examen, vaya día.