Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 anys
Centre escolar
Institució Igualada
El metro nocturno
El metro llegó haciendo un ruido largo y molesto, como si estuviera cansado. Eran casi las diez de la noche y la estación estaba vacía. Hacía más frío de lo normal y el ambiente era extraño e incómodo.
Subí al vagón y me senté cerca de la entrada. Dentro había muy poca gente, había un chico al fondo con una mochila, una mujer mirando la ventana sin moverse y una señora mayor.
Las puertas se cerraron y el tren arrancó. Al salir las luces fallaron un momento. Fue rápido pero suficiente para que todos lo notaran. Nadie dijo nada.
Miré los paneles de las paradas. No había nombres. Solo un símbolo raro, como un triángulo sin cerrar.
El metro siguió avanzando, pero no paraba. Pasamos por las estaciones… y nada. Solo túnel oscuro.
Entonces empecé a sentir que algo no estaba bien.
Parecía que había alguien más.
Éramos pocos, pero cada vez que miraba, algo no cuadraba del todo.
Las luces se apagaron otra vez.
Y en ese momento sentí muy bien que había alguien delante de mí, sentado.
Cuando volvieron las luces, no había nadie. Pero la sensación seguía allí.
El chico empezó a moverse nervioso. La mujer dejó de mirar la ventana un momento. La mujer mayor seguía igual, sin cambiar nada.
El metro no paraba; de repente, empezó a parar pero no había ninguna estación. Paró en medio del túnel y el silencio fue total. Luego se oyeron pasos lentos y cansados, se acercaron hasta la puerta, se escuchó un golpe y luego otro más fuerte y otro; el aire se volvió pesado, difícil de respirar y las luces cambiaron.
Las puertas se abrieron despacio no había estación solo oscuridad. Se oía una respiración lenta; había algo ahí.
No se veía bien, pero se notaba como una sombra más oscura de lo normal, sin forma clara, entró y todo se volvió más frío. Las luces parpadearon otra vez y cuando volvieron, el chico ya no estaba, la sombra tampoco, el metro arrancó otra vez.
Todo el vagón estaba en silencio. Las luces volvieron a la normalidad. Y el metro continuó la marcha.
Ahora todo parecía normal, bajé en una estación que sí conocía, cuando me di la vuelta el metro ya no estaba.
Eso me dejó mal cuerpo, pero caminé hacia la salida, salí a la calle; todo parecía normal, o eso parecía. Metí la mano en el bolsillo había un billete de metro, no recordaba haberlo comprado, estaba arrugado, sin fecha, sin destino, solo el mismo símbolo que se veía en los paneles de las paradas de ese metro, le di la vuelta y ponía; próxima parada: tú muerte. Me quedé quieto, con miedo, y entonces escuché a lo lejos, un metro; pero no había ninguna estación cerca.
Subí al vagón y me senté cerca de la entrada. Dentro había muy poca gente, había un chico al fondo con una mochila, una mujer mirando la ventana sin moverse y una señora mayor.
Las puertas se cerraron y el tren arrancó. Al salir las luces fallaron un momento. Fue rápido pero suficiente para que todos lo notaran. Nadie dijo nada.
Miré los paneles de las paradas. No había nombres. Solo un símbolo raro, como un triángulo sin cerrar.
El metro siguió avanzando, pero no paraba. Pasamos por las estaciones… y nada. Solo túnel oscuro.
Entonces empecé a sentir que algo no estaba bien.
Parecía que había alguien más.
Éramos pocos, pero cada vez que miraba, algo no cuadraba del todo.
Las luces se apagaron otra vez.
Y en ese momento sentí muy bien que había alguien delante de mí, sentado.
Cuando volvieron las luces, no había nadie. Pero la sensación seguía allí.
El chico empezó a moverse nervioso. La mujer dejó de mirar la ventana un momento. La mujer mayor seguía igual, sin cambiar nada.
El metro no paraba; de repente, empezó a parar pero no había ninguna estación. Paró en medio del túnel y el silencio fue total. Luego se oyeron pasos lentos y cansados, se acercaron hasta la puerta, se escuchó un golpe y luego otro más fuerte y otro; el aire se volvió pesado, difícil de respirar y las luces cambiaron.
Las puertas se abrieron despacio no había estación solo oscuridad. Se oía una respiración lenta; había algo ahí.
No se veía bien, pero se notaba como una sombra más oscura de lo normal, sin forma clara, entró y todo se volvió más frío. Las luces parpadearon otra vez y cuando volvieron, el chico ya no estaba, la sombra tampoco, el metro arrancó otra vez.
Todo el vagón estaba en silencio. Las luces volvieron a la normalidad. Y el metro continuó la marcha.
Ahora todo parecía normal, bajé en una estación que sí conocía, cuando me di la vuelta el metro ya no estaba.
Eso me dejó mal cuerpo, pero caminé hacia la salida, salí a la calle; todo parecía normal, o eso parecía. Metí la mano en el bolsillo había un billete de metro, no recordaba haberlo comprado, estaba arrugado, sin fecha, sin destino, solo el mismo símbolo que se veía en los paneles de las paradas de ese metro, le di la vuelta y ponía; próxima parada: tú muerte. Me quedé quieto, con miedo, y entonces escuché a lo lejos, un metro; pero no había ninguna estación cerca.