Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
Institució Igualada
El pasajero extraño
La última vuelta siempre era la más silenciosa. Marc ya no miraba a los pasajeros; después de años conduciendo en el tren, todos acaban pareciéndole iguales, cansados y tristes.
Pero aquel hombre no.
Subió en la penúltima estación, cuando ya casi no quedaba nadie en la parada. No miró a nadie, no validó el billete, simplemente entró y se sentó al fondo del vagón con un abrigo oscuro que parecía de otra época.
Marc lo vio por el retrovisor, se extrañó. Pensó en avisar a seguridad, pero no valía la pena; era el último trayecto (un colado más).
A la noche siguiente, volvió a aparecer; misma estación, misma hora, mismo asiento. Marc empezó a fijarse. Los otros pasajeros no decían nada; no lo miraban, no le decían nada, como si no existiera.
Al tercer día revisó las cámaras. El vagón estaba vacío.
Volvió a mirar por detrás del vagón, si que estaba.
—No puede ser… —dijo.
Le enseñó las grabaciones a Lucia, del turno de mañana. No dijo ni hizo nada. Solo buscó en su móvil, en silencio, hasta encontrar una noticia de hace cinco años.
Un accidente de cinco años atrás, un tren parado entre estaciones durante horas por un fallo eléctrico. Un pasajero murió antes de que llegara la ayuda.
La foto era borrosa, pero suficiente. El mismo abrigo, la misma mirada, el mismo hombre.
Esa noche, Marc no dudó.
Cuando el pasajero subió, esperó a que el tren se pusiera en marcha. El túnel engulló la luz del andén y dejó el vagón sumido en un zumbido eléctrico. Entonces frenó (no era una parada, no tocaba parar en ese sitio). El tren se detuvo en mitad de la oscuridad.
Marc salió de la cabina. Cada paso hacia el fondo del vagón le ponía más nervioso. El aire parecía, más frío. El hombre seguía allí, inmóvil.
-Oiga… (dijo Marc, con la voz más baja de lo que pretendía)
El pasajero levantó la cabeza.
Sus ojos no parecían sorprendidos. Parecían… cansados.
-Esta no es mi parada — susurró.
Las luces parpadearon.
Y entonces llegaron los sonidos: golpes, voces y gritos.
Marc retrocedió, pero el suelo vibraba bajo sus pies, como si el tren estuviera atrapado en otro momento.
El hombre lo miró fijamente.
-Nadie vino —añadió.
Se quedó todo a oscuras
A la mañana siguiente, Lucia, esperó sin respuesta. Marc no apareció, nadie supo explicar por qué su turno quedó sin cubrir.
Esa noche, Mateo (otro conductor) ocupó su lugar. Todo era normal, pocos pasajeros, cansados, hambrientos… hasta la penúltima estación. Las puertas se abrieron, subieron dos pasajeros, uno llevaba un abrigo oscuro, el otro no dejaba de mirar a su alrededor, confundido (era Marc)
Esta escena sucedió día tras día, durante una semana y media, la misma historia todos los días. Hasta que al final, Mateo, en esa penúltima estación, puso el freno al tren, se bajó de la cabina de mandos y se fue al vagón con la intención de hablar con los dos pasajeros. Para su sorpresa, al mirar las cámaras, solo vio a un pasajero, pero al llegar al vagón vio a los dos pasajeros (uno con abrigo oscuro y a Marc); fue entonces cuando Mateo también se dio cuenta de la situación; ha estado llevando a un pasajero misterioso porque no aparecía en las cámaras.. y eso es lo que ya atormentó a su compañero Marc, por eso murió desesperado.