Autor/a
MateoLl
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
Col.legi Sagrada Família- Horta
Relat escolar

El sueño TMB

¡Hola, me llamo Mateo y os voy a explicar una historia que me sucedió!
Un día, tranquilamente por la noche, después de cepillarme los dientes antes de irme a dormir, me metí en la cama. Un minuto después me levanté, pero no le di importancia. Sin embargo, me pasó lo mismo unas dieciocho veces, más o menos.
En un momento determinado me pareció extraño, así que salí, no sé muy bien por qué, a la calle. Había autobuses por todos lados. Las señales de tráfico tenían un extraño símbolo en el que decía: “Prohibidos los buses negros, solo rojos”. Los coches eran buses y las motos seguían siendo motos, pero eran súper largas y de color rojo.
Subí a uno de aquellos extraños buses. Una vez dentro, apareció un robot pidiéndome sesenta euros. Me quedé flipando, pero se los di para saber en qué consistía y vivir la experiencia.
El robot me preguntó cuál era el destino de mi viaje. Empezó a darme miles y miles de opciones; entre una de ellas estaba la parada de “Saturno”. Le dije que aquel era mi destino.
En menos de una milésima de segundo me encontraba en “Saturno”. Cuando llegué, todo lo que había a mi alrededor eran alienígenas verdes y raros. Llevaban una extraña arma y observé que allí todos los autobuses pasaban por unas vías.
Pero lo más extraño de todo era que no existían las líneas L3, L4 ni L5. Ninguna de ellas: todas se habían convertido en una única línea.
Me puse a investigar y, de repente, aparecieron mis dos amigos, Adrià y Leo. Ellos también estaban asustados y sorprendidos, como yo, al darnos cuenta de que los tres habíamos coincidido de una forma extraña en Saturno.
¡Juntos los tres era lo mejor de lo mejor! Y por eso mismo decidimos quedarnos allí años y años, hasta el 3556.
Nos dimos cuenta de que pasaban bicis flotando por encima de nosotros. No sabíamos cuál era el motivo y no le dimos importancia. Pero un día, tranquilamente tumbado en un banco, me di cuenta de que parecía un Bicing.
Fui corriendo a buscar a mis amigos. Como no los encontraba, recorrí todo Saturno hasta que los localicé. Les comenté lo del Bicing y quedaron sorprendidos.
Fuimos corriendo para mostrárselo, pero al llegar al lugar había desaparecido. Ellos creyeron que les había hecho una broma.
Más tarde observé, extrañado, un cartel que decía: “Coger las bicis voladoras de 3 a. m. a 5 p. m.”. Volví a comentarles a mis amigos lo de las bicis voladoras. Ellos desconfiaron, creyendo que les volvía a gastar una broma.
Les insistí hasta que les convencí, comprometiéndome a que ese día pagaba yo los gastos de los tres. Tenía solo cinco euros y el sushi de la comida costaba 4,99 euros, así que me arriesgué a quedarme sin nada para mi supervivencia, pues vivir la experiencia valía la pena.
Nos pasamos hablando y hablando durante todo el camino hacia las bicis voladoras. Íbamos tan tranquilos y felices que no me di cuenta de la hora que era: ¡las 4:58 p.m.! Cogimos las bicis justo a tiempo.
Empezamos a volar con ellas. Fue la mejor experiencia que habíamos vivido los tres juntos. Vi un looping y nos apostamos los cinco euros que nos quedaban a ver quién de nosotros se atrevía a pasar por él con la bici voladora.
Justo cuando lo teníamos delante… todo se puso negro.
De repente, cada uno de nosotros se encontraba en su cama, y los tres, al despertar a la vez, dijimos: “¡Puff!¡Qué pasada la TMB!”