Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
Institució Igualada
El tren mágico de Barcelona
—¿Has oído hablar del tren mágico de Barcelona? —preguntó Clara mientras caminaban por una calle tranquila, iluminada por farolas que empezaban a encenderse.
Marc la miró con curiosidad y algo de escepticismo.
—¿Un tren? Aquí hay muchos… ¿qué tiene de especial?
Clara sonrió levemente.
—Este no aparece en los mapas ni sigue horarios. Solo aparece al anochecer… y no siempre en el mismo lugar.
El murmullo de la ciudad parecía suavizarse a su alrededor.
—Suena a leyenda —dijo Marc.
—Quizá lo sea —respondió ella—, pero algunos aseguran haberlo visto.
Mientras avanzaban, Clara le describió un tren antiguo, de madera, con ventanas que reflejaban no sólo la ciudad, sino también recuerdos y sueños. Le habló de un viaje donde el tiempo dejaba de importar, donde se podía ver la Barcelona del pasado, con calles llenas de caballos, o un futuro brillante lleno de luces desconocidas.
Marc empezó a escuchar con más atención.
—¿Y todos ven lo mismo? —preguntó.
—No —negó Clara—. Cada persona vive su propio viaje. Algunos encuentran recuerdos perdidos… otras respuestas.
—¿Y luego puedes contarlo?
Clara bajó la mirada por un instante.
—No exactamente. Dicen que, si lo explicas, la magia desaparece.
Se hizo un breve silencio. Entonces, Marc la miró fijamente.
—Entonces… ¿cómo sabes todo esto?
Clara levantó la vista y sonrió.
—Porque una vez lo encontré.
Antes de que Marc pudiera responder, un suave sonido metálico resonó en la distancia. Ambos se detuvieron.
La ciudad pareció guardar silencio.
—¿Lo oyes? —susurró Clara.
Marc asintió, con el corazón latiendo más rápido.
—Sí…
Clara dio un pequeño paso hacia adelante.
—Quizá esta noche tengamos suerte.
Marc dudó solo un instante… y luego la siguió.
Marc la miró con curiosidad y algo de escepticismo.
—¿Un tren? Aquí hay muchos… ¿qué tiene de especial?
Clara sonrió levemente.
—Este no aparece en los mapas ni sigue horarios. Solo aparece al anochecer… y no siempre en el mismo lugar.
El murmullo de la ciudad parecía suavizarse a su alrededor.
—Suena a leyenda —dijo Marc.
—Quizá lo sea —respondió ella—, pero algunos aseguran haberlo visto.
Mientras avanzaban, Clara le describió un tren antiguo, de madera, con ventanas que reflejaban no sólo la ciudad, sino también recuerdos y sueños. Le habló de un viaje donde el tiempo dejaba de importar, donde se podía ver la Barcelona del pasado, con calles llenas de caballos, o un futuro brillante lleno de luces desconocidas.
Marc empezó a escuchar con más atención.
—¿Y todos ven lo mismo? —preguntó.
—No —negó Clara—. Cada persona vive su propio viaje. Algunos encuentran recuerdos perdidos… otras respuestas.
—¿Y luego puedes contarlo?
Clara bajó la mirada por un instante.
—No exactamente. Dicen que, si lo explicas, la magia desaparece.
Se hizo un breve silencio. Entonces, Marc la miró fijamente.
—Entonces… ¿cómo sabes todo esto?
Clara levantó la vista y sonrió.
—Porque una vez lo encontré.
Antes de que Marc pudiera responder, un suave sonido metálico resonó en la distancia. Ambos se detuvieron.
La ciudad pareció guardar silencio.
—¿Lo oyes? —susurró Clara.
Marc asintió, con el corazón latiendo más rápido.
—Sí…
Clara dio un pequeño paso hacia adelante.
—Quizá esta noche tengamos suerte.
Marc dudó solo un instante… y luego la siguió.