Autor/a
karlos
Categoria
Relat lliure
Esclavos de un dios
De repente me sentí un extraño. La voz en off del vagón del metro anunciaba que había llegado a mi destino. “Próxima parada; Sagrada Familia”. Coloqué el punto de lectura en la página que acababa de leer de mi libro de bolsillo de tapa blanda y alcé la vista. Fue entonces cuando sentí esa sensación de ser un personaje de la Edad Media que había sido transportado al siglo XXI. El espectáculo en aquel vagón era extraño, abstracto y superficial. Impasibles al mundo que los rodeaba, todos los pasajeros estaban inmersos en el mundo de fantasía que les ofrecía su nuevo apéndice, el teléfono móvil; que como un órgano más de su cuerpo devoraba la mente de cada uno de ellos. Tik Tok absorbía la vista de aquella chica que a esas horas de la mañana se dirigía a estudiar. Instagram modificaba los pensamientos del señor con sombrero que había a su lado; y el sonido de un recibo de bizum creaba expectativas al joven sentado a mi lado. Y así, cientos de aplicaciones móviles distorsionaban la realidad de aquellos personajes que parecían vivir en un mundo paralelo en el que se habían esfumado montones de emociones totalmente necesarias para vivir el presente real. Impresionado, salí lo más rápido posible de aquel vagón no sin antes darme cuenta de que mi teléfono móvil vibraba en mi bolsillo. El terror se apoderó de mí por un momento y tiré el aparato a la primera papelera que vi sin atender la llamada. La gran red tecnológica trataba de apoderarse también de mí.
Corrí hacia la salida y subí de dos en dos los escalones de la escalera obviando a la decena de creadores de contenido que, supuestamente, intentaban crear una storie con la versión más feliz de sus vidas y, por fin, salí al exterior.
La contemplación del magnífico monumento calmó mi ansiedad; pero La Sagrada Familia posaba como una influencer de piedra ante los malvados filtros de cientos de visitantes.
El espíritu de Gaudí lloraba desde lo más alto de La Torre de Jesús.
Corrí hacia la salida y subí de dos en dos los escalones de la escalera obviando a la decena de creadores de contenido que, supuestamente, intentaban crear una storie con la versión más feliz de sus vidas y, por fin, salí al exterior.
La contemplación del magnífico monumento calmó mi ansiedad; pero La Sagrada Familia posaba como una influencer de piedra ante los malvados filtros de cientos de visitantes.
El espíritu de Gaudí lloraba desde lo más alto de La Torre de Jesús.