Autor/a
MAX
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

IDA Y VUELTA

Ida
“Por favor, circulen hacia el fondo y faciliten la movilidad en el interior del autobús”. La voz repite dos veces más la frase en idiomas diferentes, aunque a esta hora de la mañana no puedo distinguir con claridad si son inglés y suajili o catalán y noruego.
Me resisto a moverme, preferiría no hacerlo, así que no me aparto de Bartleby y compañía, apostados ellos junto a la validadora con la mayoría de los pasajeros, todos bien Lejos de Veracruz, a quien distinguimos en los asientos del fondo por su abrigo color papagayo y a la que le ha faltado tiempo para verter su opinión Dublinesca sobre el incauto que se ha sentado a su lado.
Avanzamos por París como El viajero más lento. En manifestación ante nosotros, los miembros de la Liga Pro Impostura reivindican no sé qué subvención pública. París no se acaba nunca, la voz a mi lado es la del Doctor Pasavento, a quien no he visto subir; no, hoy no se acaba, observo; sí, esto sin duda inspiraría a K un relato, observa él; cierto, Kassel no invita a la lógica, opino yo aún a riesgo de Perder teorías ante la erudición de mi interlocutor, que siempre se dirige a todo el mundo como si leyera un texto escrito en una gran pantalla imaginaria que a mí me cuesta imaginar, porque Nunca voy al cine. El doctor me mira con Aire de Dylan y se aparta de mí, es cuando intuyo que he metido la pata y que no se refería a Kassel, sino a Kafka, intento llegar hasta él para explicar mi confusión Y Pasavento ya no estaba, se ha ido dejando tras de sí esa atmósfera tan suya de Historia abreviada de la literatura portátil.

Vuelta
En el trayecto, repaso las Extrañas notas de laboratorio que el jefe nos ha pasado esta tarde y que ha insistido en que asimilemos para la reunión de mañana, Aunque no entendamos nada, Para acabar con los números redondos de una vez por todas.
Apenas se entreabre la puerta del autobús, Mac sube en tromba y se me echa encima con su energía de perro guía, dejando en la parada a su guiado con El traje de los domingos y asido a su bastón blanco; y es que no es la primera vez que Mac lo deja en la estacada para acudir a mi lado, sin duda su olfato agudo intuye que yo necesito un guía con mucha más urgencia que su dueño.
Me concentro en la revisión de las notas hasta que en una de las paradas sube La asesina ilustrada, a esta hora, la de salida de las extraescolares, padres, hijos, Hijos sin hijos y demás pasajeros se estremecen ante la visión de esa mujer armada con un libro abierto y vuelto del revés, el cual ubica sutilmente Al sur de los párpados para poder controlar los movimientos y corregir las actitudes, reprimenda mediante, de todos los que viajamos en el autobús. Es bien cierto que con semejante pasajera todo es armonía durante el trayecto, nadie se atreve a bajar sin pedir parada con antelación, a ocupar los asientos reservados o a subir el volumen de los dispositivos móviles.
Se aposta En un lugar solitario y desde allí increpa a una chica que ha subido con un vasito de café en la mano hasta que repara en mi perro guía. Pausa. Yo, consciente de la que se nos viene encima y mientras Mac se acurruca a mis pies, intento exagerar al máximo mi presbicia, única deficiencia oftalmológica que puedo reportar. Ante Mac y su contratiempo, contrariada ella, nos deja en Londres a la altura de San Eugenio Papa y desaparece ante nuestros ojos en medio de Esta bruma insensata.
Con la pasajera Fuera de aquí, a destiempo, la voz repite en tres idiomas “Pase lo que pase, lo correcto es largarse".