Autor/a
Nox Aeterna
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Incidencia en el andén

La princesa Elisenda corría.

Los pasos de los guardias resonaban en los corredores del palacio.
Las antorchas agitaban sombras inquietas.
Su primo había tomado el trono aquella misma noche.
Ella era el último obstáculo.

Recordó entonces la historia que le contaba su nodriza:

—Bajo Barcelona hay pasadizos más antiguos que la muralla.

Encontró la puerta oculta tras un tapiz y descendió por una escalera de piedra húmeda.

El túnel era largo, oscuro, interminable.
El aire olía a tierra y frío.
Cada paso parecía cruzar siglos.

Al final apareció un arco cubierto de símbolos extraños.
Ninguno pertenecía a su reino.
Empujó la piedra.
Y el mundo desapareció.

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba en un lugar imposible.

El techo era altísimo.
La luz brotaba de barras blancas sin fuego.
Las paredes brillaban con azulejos.
Decenas de personas caminaban deprisa con ropas extrañas.

Un rugido recorrió el túnel.

Desde la oscuridad surgió un monstruo de hierro.
Ojos de cristal iluminado.
Se detuvo frente a ella.
Las puertas se abrieron.
La gente entró sin miedo.

—Disculpa —dijo una voz—. ¿Te has perdido?

Elisenda se giró.
Un hombre con uniforme oscuro la observaba.

—Decidme… ¿qué reino es este?

El hombre sonrió.

—No es un reino.
Es el metro.
Estación Liceu.

—¿Y ese monstruo?

—Un tren —dijo, señalando las puertas—.

—Si quieres salir de aquí, tendrás que coger la línea correcta —añadió—.

Elisenda dudó.
Pero quedarse allí parecía aún más peligroso.
Subió al tren.

El convoy rugió y desapareció en el túnel.

Minutos después llegó a un andén profundo, lleno de pasillos que parecían no terminar nunca.
La princesa caminó sin rumbo.

Entonces escuchó pasos detrás.
Era el mismo hombre, hablando por un pequeño aparato metálico:

—Confirmado. Viajera temporal localizada en enlace de líneas.

Elisenda frunció el ceño.

—¿Qué decís?

El hombre guardó el dispositivo y señaló una placa:

Departamento de incidencias históricas

Sintió un escalofrío.

—¿Incidencias?

—A veces alguien aparece por las puertas antiguas —dijo—.
Señaló la oscuridad del túnel.
—Las que estaban bajo la ciudad antes de que existiera el metro.

El tren volvió a rugir a lo lejos.

El hombre abrió su comunicador:

—Archivo actualizado.

Hubo un breve silencio.
Luego una voz respondió:

—Recibido.
—Añadir al registro.

El hombre miró a la princesa:

—Bienvenida a la red de Transports Metropolitans de Barcelona.

Elisenda lo observó confundida.

—¿Red?

—Sí.
Una que conecta muchos lugares… y muchos siglos.

El comunicador sonó otra vez.

—Nueva incidencia detectada. Línea uno.

El hombre suspiró.

—Otra vez. Parece que no eres la única.

En lo profundo del túnel, muy lejos, se escuchó el eco de una puerta de piedra abriéndose.

Y el sonido inconfundible…
de una armadura medieval caminando por el andén.