Autor/a
MJBCN
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

inesperado

Suena el móvil.
Raquel se despierta sobresaltada. Se limpia con la manga la saliva de la comisura.
Es Andrés.
—Hola, cambio de planes. Wilson y yo te esperamos a la salida del metro. Te ha echado mucho de hoy… yo también.
A Raquel se le dibuja una sonrisa. Le pasa siempre últimamente.
Desde aquel día en que se le rompieron las bolsas en el portal y Andrés apareció justo a tiempo —llegando tarde a su cena por ayudarla— no se habían separado.
El piso de Horta había vuelto a llenarse de risas.
Las noches se alargaban hasta confundirse con el amanecer.
Y aun así, a veces, todo le daba vértigo.
—Hola, Raquel.
Levanta la vista.
Y el tiempo se detiene.
El traqueteo del metro sigue, constante, pero algo cambia.
—Hola, Eva —dice al fin.
El nombre le pesa en la boca.
El pasado, ese que había dejado arrinconado en algún lugar de su cabeza, se sienta ahora a su lado.
Eva está guapísima.
Distinta. Igual.
El jersey azul le enciende la mirada. Esos ojos… siguen siendo los mismos.
El vagón se balancea suavemente al entrar en el túnel. Las luces parpadean un instante.
Raquel no aparta la vista.
El móvil vibra otra vez.
Andrés.
Ni lo mira.
—¡Cuánto tiempo! —dice Eva, abrazándola.
Y ese abrazo no es cualquiera.
El cuerpo de Raquel lo sabe antes que su cabeza.
—Llevaba rato mirándote —añade Eva—. Dudaba… pero cuando te has quedado dormida y has empezado a dar cabezadas… y bueno, lo de la baba ya ha sido definitivo.
Ríen.
Raquel se tapa la cara un segundo.
—Qué vergüenza, joder. Vengo de casa de mi madre… ya sabes cómo es eso.
—Demasiada comida y poco descanso.
—Exacto.
El metro reduce la velocidad. Un pitido. Una voz enlatada anuncia la próxima parada.
Eva se sienta a su lado.
Demasiado cerca.
Le roza la pierna.
—¿Cómo está tu madre?
Raquel tarda un segundo en responder.
—Bien… tranquila. Demasiado tranquila para mi gusto.
Silencio.
El tipo de silencio que no es incómodo… pero tampoco inocente.
Raquel nota el pulso en las manos.
No.
Por favor.
No me remuevas todo otra vez.
La voz del metro irrumpe:
“Próxima parada: Maragall.”
Eva se levanta.
Se coloca el jersey.
Se acerca.
Le da un beso en la mejilla… y deja la mano un segundo más de lo necesario.
—Te llamo, ¿vale?
Raquel sonríe, pero no del todo.
—A Guille no le va a hacer gracia.
Eva sostiene la mirada.
—Igual es lo que necesito.
Las puertas se abren.
El andén entra como una bocanada de realidad.
Eva se aleja entre la gente.
No mira atrás.
Raquel se queda sentada.
El vagón se vacía ligeramente y vuelve a llenarse. Como su cabeza
Andrés.
Su perro Wilson.
Eva.
Todo mezclado. Igual que las personas que ocupan ese vagón, no se conocen, pero viajan juntas.
El móvil vibra.
Lo coge.
Un audio de Eva
Raquel duda un segundo.
Las puertas se cierran.
El metro arranca.
Pulsa play y deja de pensar en Andrés.