Autor/a
Materia
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

L A O X I D A C I Ó N

Antes de verlo, se siente. El aire cambia de densidad, se vuelve húmedo, más pesado, con un sabor metálico que se adhiere al paladar. Las paredes rezuman savia oscura, sudor que cae lentamente sobre los rieles, el balastro y las traviesas.
La mujer espera en el andén.
El tren entra y el ruido no se oye: se clava en las plantas de los pies, sube por las tibias y se instala en el estómago. El aire empuja, presiona, late. Se detiene.
Pulsa el botón luminoso una, dos, tres veces, como si pudiera obligar al acero a doblegarse. Detrás, la gente se pega unas a otras, zumbando, como moscas en un día bochornoso. Las puertas ceden y la engullen.
El movimiento le desplaza los órganos un centímetro. Se coge a la barra. Nudillos pálidos, dedos torcidos. Y cuando cierra los ojos, el vagón hilvana la pared como una aguja.
El traqueteo le recorre la espalda, vértebra a vértebra. Cruje como arena entre los dientes. Bajo la piel, los grumos endurecidos arden. Las pantorrillas laten, atravesadas por venas que se retuercen. El cansancio no duele: fermenta.
Piensa en el suelo que le queda por fregar. Arriba y abajo. Arriba y abajo. En el olor agrio de la lejía. En la ropa húmeda esperando ser doblada. Arriba y abajo. Arriba y abajo.
El túnel estrecha su garganta. Las luces parpadean y en el cristal se abren grietas que recuerdan costillas, cavidades, piel retirada. Ella permanece inmóvil, encogida, como una rama que se ha ido curvando con el tiempo.
El metro reduce la velocidad, reptando sobre barro y alquitrán.
La mujer abre los ojos y la luz la ciega. No calienta. Es fría, como agua del grifo cayendo sobre las manos abiertas.
Inspira. Expira. Inspira. Suspira.
El aire sabe a hierro y a desengrasante. El traqueteo ya no le sube por la espalda.
Las puertas se abren. El tiempo se estira. A su alrededor, la gente roza, empuja, avanza.
Antes de bajar, atisba su reflejo velado en el cristal. No reconoce quién le devuelve la mirada.
El metro se pliega sobre sí mismo como una mandíbula cansada y el túnel vuelve a tragar aire.
La mujer sigue quieta en el andén.
Y por un momento no sabe si acaba de llegar o si todavía no ha salido.