Autor/a
Isaac
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

LA CAJA DE HERRAMIENTAS

Me levanto de la cama somnoliento, me visto, salgo de casa, bajo en ascensor y broto del portal de mi casa cuando no ha asomado el astro rey todavía por la línea del horizonte. Deseo estar tranquilo y que poco a poco el dios Morfeo me vaya abandonando y mi cerebro encuentre la nitidez de las aguas calmadas. Me encamino a la estación de metro de Encants en la línea dos; está vacía, como siempre, y cuando entro en el vagón, me siento, y se inicia el viaje hasta la parada de Paral·lel que es mi destino, donde está mi puesto de trabajo.
En la siguiente estación, la de Sagrada Familia, se abren las puertas e irrumpe un gigantón con un mono azul manchado de grasa y una caja de herramientas de metal voluminosa con salpicaduras rojas, y unas botas negras desgastadas. Su aspecto es aterrador: es tuerto, tiene el ojo derecho de cristal azul, una cicatriz le recorre el lado derecho de la cabeza, detrás de la oreja, hasta el mismo cuello, su espalda marca una joroba, y su amplia frente está poblada de gotitas de sudor.
Se sienta a mi lado, deja la pesada caja de herramientas en el suelo, gira su cuello me mira a los ojos, y se presenta dándome la manaza, apretujando la mía hasta casi romperla. Se llama Alberto, pero es más conocido como “el chispas” por dedicarse al oficio de electricista. Me molesta que se haya colocado junto a mí y que haya comenzado a hablarme, es fastidioso; ha iniciado una conversación cargante en que me parlotea de su trabajo. Comenta que a parte de la electricidad también realiza tareas de pintor, que no ha dormido en toda la noche, que este mes de invierno ha llovido mucho y lo caluroso que fue el verano pasado. ¡Tonterías!
Entonces, de repente, de dentro la caja nace un golpeo rítmico, primero lento, después, más rápido, y más fuerte, cada vez más fuerte. Apenas escucho su conversación, sólo el repiquetear como un tambor que emana de la caja de herramientas. Más rápido… más rápido… más rápido. Más fuerte…más fuerte... más fuerte. ¡Ah! me tengo que tapar los oídos, es ensordecedor, mi cabeza me duele, está a punto de estallar como una bomba. Alberto se sorprende, no entiende nada, le digo que no se preocupe, se levanta ha llegado a su destino, la estación de Passeig de Gracia. Tiene que hacer transbordo en la línea 4 para ir a Barceloneta. Coje la pesada caja con salpicaduras rojas y sale del vagón. ¡Por fin se ha ido!
El metro sigue su marcha, el sonido se ha esfumado de mi cabeza, de repente. Un mago lo ha hecho desaparecer. Aburrido, cojo el móvil del bolsillo de mi pantalón y miro un portal de noticias en Internet, llama mi atención unos crímenes producidos en la ciudad por un asesino en serie que ataca de madrugada. Lo único que sabe la policía es que tiene un ojo de cristal azul, una cicatriz en la cara, y que arranca y roba el corazón de sus víctimas. ¡Dios mío!