Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
Institució Igualada
Relat escolar

La estación retirada

Álex, Laura y Nil iban a una excursión escolar. El metro de la Línea 1 iba
lleno, y entre el ruido de la gente entrando y saliendo, los tres niños quedaron dentro
del vagón sin darse cuenta. Cuando quisieron reaccionar, las puertas ya estaban
cerrándose, la profesora estaba demasiado lejos para alcanzarlos.
Se dieron cuenta de que no había nadie más en el metro.
—No pasa nada —dijo Laura, intentando sonar valiente—. Vamos a la siguiente y
volvemos.
Pero en la siguiente parada, el metro no se detuvo. Las luces parpadearon y el tren
aceleró como si hubiera olvidado todas las normas. Los niños se agarraron con
fuerza a la barra.
—Esto no es normal —murmuró Nil.
Cuando por fin el metro frenó, las puertas se abrieron en una estación que no
habían visto nunca. No había carteles, ni anuncios, ni siquiera personas, solo un
aire frío que parecía salir del túnel.
—¿Tenemos que bajar? —preguntó Álex.
—No tenemos otra opción —respondió Laura.
Pusieron un pie en el andén. Estaba todo oscuro. A lo lejos, se escuchó un ruido
metálico, como si alguien arrastrara una cadena.
—Quizá haya alguien que pueda ayudarnos —dijo Álex, muy poco convencido.
Caminaron por el pasillo principal hasta ver a un vigilante sentado de espaldas.
Llevaba un uniforme antiguo, de un modelo que ninguno de ellos había visto nunca
Laura emitió un sonido para llamar su atención.
El hombre se giró lentamente. Su rostro era pálido y sus ojos brillaban de un modo
que les puso la piel de gallina.
—Os habéis equivocado de tren —dijo con una voz apagada—. Esta línea ya no
funciona.
Los niños se miraron, asustados.
—Solo queremos volver con nuestra clase —dijo Nil.
El vigilante señaló un túnel lateral, iluminado por una luz débil.
—Seguid ese camino. Pero no os detengáis y sobre todo, no miréis atrás.
Sin discutir, comenzaron a caminar. El túnel era largo y cada vez más estrecho.
Escuchaban pasos detrás de ellos, pero ninguno se atrevió a girarse. La luz del final
se hacía más intensa.
Cuando por fin salieron, estaban de nuevo en la estación de Urquinaona, llena de
gente, ruidosa y completamente normal. La profesora corrió hacia ellos,
desesperada.
—¿Dónde os habíais metido?
Los niños se miraron. Ninguno sabía cómo explicarlo.
Más tarde, en el autobús escolar, Laura notó algo en su bolsillo. Era una tarjeta
antigua de metro, con un sello que decía “Servicio Retirado desde 1973”.