Autor/a
Arroz
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

La ruta de nuestro amor

Durante un año entero se miraron sin hablar.

El metro acababa de cumplir sus primeros años y aún olía a hierro y promesas nuevas. Cada mañana coincidían en el mismo vagón camino a la universidad. Él fingía leer el periódico; ella observaba el reflejo de ambos en la ventana. En aquellos tiempos, cuando todo parecía decidido por otros, una mirada ya era una forma de atrevimiento.

Nunca encontraron el valor.

Al terminar el curso, él dejó de aparecer. Había aceptado un trabajo en Alemania. Ella siguió tomando el metro a la misma hora durante meses, convencida de que un día volvería a verlo entrar antes de que se cerraran las puertas. Pero el tiempo, como los trenes, siempre continúa su camino.

Los años pasaron. Ella se casó porque era lo esperado, no porque estuviera enamorada. Él construyó una vida lejos. El metro cambió, las estaciones se llenaron de luz y la ciudad creció, pero cada vez que ella miraba su reflejo en el cristal recordaba aquellos ojos que nunca se atrevieron a buscar los suyos.

A los cuarenta y dos años ya era viuda. Su hijo estudiaba en el extranjero y su vida se había reducido a la rutina del trabajo y el trayecto diario. El metro era el único lugar donde el pasado regresaba sin avisar.

Una tarde, en la estación de Sagrada Família, sintió una mirada. Levantó la cabeza. Era él. Más canas, la misma timidez. Durante un instante el tiempo se detuvo. Pero ninguno habló. Ella siguió caminando; él permaneció inmóvil, como veinte años atrás.

Esa noche él comprendió que no podía repetir la misma despedida silenciosa. Recordó la línea, la hora, el sentido del trayecto. Si el destino los había cruzado otra vez, esta vez debía elegir.

Días después coincidieron en la línea azul. Bajaron en la misma parada. Antes de que el miedo regresara, él tomó su mano.

—Te encontré.

Ella lo miró, intentando esconder la emoción.

—¿Nos conocemos?

Él sonrió con nerviosismo.

—Hace veinte años viajábamos juntos sin hablar. Siempre quise hacerlo.

Esta vez ella dijo que sí.

Comenzaron despacio, contándose las vidas que habían vivido separados. Descubrieron que el amor no había desaparecido; solo había esperado. Con el tiempo se marcharon juntos a Alemania, pero regresaban cada año a Barcelona para recorrer la misma línea donde todo había empezado.

A los ochenta y cinco ya no podían hacer el trayecto completo. Sentados frente a un álbum lleno de fotografías, observaban cómo el metro había cambiado igual que ellos. Y sonreían al pensar que, cada día, en algún vagón, dos desconocidos seguirían enamorándose sin saberlo.

Porque a veces una historia de amor empieza simplemente con una ruta cualquiera… y una mirada que decide quedarse.