Autor/a
Aina
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Leona

1,2,3, …
Marta iba por 35 cuando vio venir el bus. No estaba mal, la semana pasada había llegado a descontarse poco antes de los 500. No hace mucho un pensamiento tan tonto como ese la podía hacer reír. Ahora no, se sentía demasiado angustiada. Se sentó junto la ventanilla y miró hacia el exterior, tenía un buen trecho hasta su nuevo trabajo, era su segunda semana. Observó el ajetreo de Barcelona, los vehículos, la gente apresurada a aquella hora de la mañana, … Dirigió la mirada hacía el interior, casi todo el mundo pasaba el rato mirando el móvil. Que sola se sentía.
Entonces la vio, en un asiento al otro lado del pasillo. Aquella señora también se dedicaba a observar y sus miradas se cruzaron. Debía tener unos 10 años más que ella, tenía un rostro tan agradable como su mirada, le sonrió. Y Marta le devolvió la sonrisa, sorprendida de lo fácil que había sido, de hecho, había sonreído casi sin darse cuenta. “Madre mía” pensó, ¿Cuánto tiempo haría que no sonreía? Bajaron en la misma parada. Marta le dedicó un apresurado “buenos días”, le hubiera gustado entablar alguna conversación. Pero no tenía tiempo, llegaba demasiado justa al trabajo.
Apenas llevaba una hora sentada tras su mostrador en la clínica recibiendo a los pacientes cuando, sorprendida, vio entrar a aquella agradable señora. “Me llamo Lucía”. Se visitó, se hizo unas pruebas y, cuando acabó, era casi la hora de descanso de Marta. Como si fueran buenas amigas la esperó y se fueron a almorzar juntas. En nada, Marta le estaba explicando cómo había llegado a Barcelona hacía solo tres semanas, después de separarse y dejar atrás toda una vida. Lo que más le dolía era que su hijo Jordi la culpase a ella. “Déjate de culpas. Eso no arregla nada. La vida es caprichosa, un día es maravillosa y al otro todo es terrible. Hay que sortear lo mejor posible los malos momentos y saber disfrutar los buenos” Y quedaron para comer ese fin de semana, Lucía quería presentarle a otra buena amiga.
Leona era una perrita muy peculiar, con su aspecto de león con desgreñadas melenas, eso sí, un león que no llegaba a diez kilos. No era una perrita bonita, pero su leal mirada y su simpático carácter le restaba toda importancia. Comieron un menú en una terraza. Marta preguntó por los resultados de las pruebas médicas. “No pinta bien” le contestó Lucia con un mohín y entonces sonó un WhatsApp en el móvil de Marta. Estaba preocupada por la respuesta de su amiga, aun así, por instinto pasó el dedo sobre la pantalla. Las dos fijaron sorprendidas la mirada en el mensaje: era de Jordi y decía “hola mama, me gustaría hablar contigo. ¿Puedo llamarte? Te quiero”. Con lágrimas en los ojos Marta contestó “claro que si cariño” Mientras su amiga la abrazaba.
Y ahí estaba otra vez, subida al bus, un mes después. Pero esta vez dirección a la estación de Sants. No se sentía sola, iba con su nueva compañera. Leona iba hecha un ovillo en su regazo. Había sido tan rápido, y Lucía tan valiente, esforzándose por disfrutar la vida hasta el final. Nunca olvidaré nuestro último café juntas, cuando me preguntó “¿Cuidarás de mi pequeña?”
“Ay Lucia” pensó Marta “no sé quién cuida a quien”. Hoy Leona y Jordi se iban a conocer