Autor/a
Cicero
Categoria
Relat lliure
Los artistas
Dando tumbos por el vagón, los veo a lo lejos, sentados uno junto al otro: a su alrededor se ha formado ya un corrillo que guarda extrañamente las distancias. Él le da tres suaves palmadas en los labios, murmuran algo que no alcanzamos a escuchar, y el espectáculo ha empezado: en un instante sus cuerpos se deshacen y vuelven a rehacerse, cayendo siempre en el mismo lugar, sobrevuelan las cabezas de los pasajeros, ella se mete entre dos barrotes, él la sigue de cerca, dos arroyos persiguiéndose a la fuga corriendo en círculos, él la atrapa y la besa en la mejilla, se miran de cerca y ella lo besa en los labios, amarilla y verde, verde y amarillo, desparramados de vuelta en su sitio; ahora él apoya la cabeza sobre el hombro de ella y la observa, sus dos ojos blancos rozan el borde de su mandíbula, quizás quiera aprovechar ese ángulo, un ángulo nuevo —¿qué se verá desde allí?—, y mientras tanto juegan con los dedos, él le tira del anular como podría tirarle del corazón, pues en realidad los dedos se mueven solos, como el resto de sus cuerpos, que por una feliz coincidencia han perdido el rumbo, pero fluyen, encajan como las piezas de un engranaje arrojado al aire en un ir y venir que transforma el vagón en una platea: alguien cae de rodillas, de algún lugar escapa un grito ahogado, otros sorben agua sin quitarles ojo, más allá una muchacha parece rechazar a su acompañante, se gira y les da la espalda… Cuando al fin el vagón se detiene y, despidiéndose, ambos descienden al andén, los de dentro a duras penas conseguimos refrenar el impulso de ponernos en pie y soltar un tremendo aplauso, sonriéndonos unos a otros, conmovidos, por un segundo hermanados. Sin embargo, las puertas se cierran, andén abajo se pierden de vista los artistas, y nosotros, hundidos en nuestras butacas, algo avergonzados, nos dejamos arrastrar a la siguiente estación.