Autor/a
Zerator
Categoria
Relat lliure
Mi aventura diaria en el V3
Siempre voy al cole en el V3 y casi me se de memoria todas las paradas. Cada mañana bajo un poco dormido, con la mochila que pesa muchísimo, y esperamos con mi madre y mi hermano en la parada. A veces el bus tarda y pienso: ¿pero dónde está? Y cuando llega, todos nos acercamos a la puerta casi al mismo tiempo.
Una cosa que me ha enseñado mi madre es que si todos intentamos subir los primeros, al final tardamos más y el bus no se irá hasta que subamos todos. Hay días en que la gente no deja bajar antes de subir y se hace un lío tremendo. El bus se queda parado, no cuesta nada esperar unos segundos y dejar salir a los que están dentro.
En la parada de Badal con Constitución siempre sube muchísima gente que hace cola para subir al bus, y se llena tanto que parece que va a explotar, aunque no explota, claro. A veces tengo que ir de pie y agarrarme fuerte porque si no, puedo caer. Una vez un señor mayor no encontraba sitio y nadie se levantaba. Me dio un poco de cosa, pero al final una chica se levantó y le dejó sentarse. Yo pensé que eso es el civismo, aunque esa palabra la dicen mucho los profes y suena un poco rara.
También hay personas que hablan muy fuerte o ponen música sin cascos. A mi no me molesta siempre, pero hay días que estoy haciendo mates en la tablet y no me puedo concentrar nada. Creo que si todos pensaramos un poco en los demás, el viaje sería mejor. No es solo ir en bus, es compartir un espacio muy pequeño con mucha gente diferente.
Cuando llegamos a Diagonal baja un montón de personas y el bus se queda más vacío. Se nota un montón el cambio. Yo a veces me siento y respiro tranquilo. Me gusta mirar por la ventana y pensar que todos los que vamos ahí dentro tenemos cosas importantes que hacer: trabajar, estudiar, ir al medico o lo que sea.
Para mi, la convivencia en el transporte es como una especie de acuerdo que no se dice y es algo que se hace cada mañana en el V3 y entonces es un poco más fácil para todos. Nadie lo firma, pero todos sabemos que hay que respetar: no empujar, no gritar, ceder el asiento si hace falta y dar las gracias. Si todos hiciéramos eso, el viaje sería más corto, o al menos lo parecería.
Una cosa que me ha enseñado mi madre es que si todos intentamos subir los primeros, al final tardamos más y el bus no se irá hasta que subamos todos. Hay días en que la gente no deja bajar antes de subir y se hace un lío tremendo. El bus se queda parado, no cuesta nada esperar unos segundos y dejar salir a los que están dentro.
En la parada de Badal con Constitución siempre sube muchísima gente que hace cola para subir al bus, y se llena tanto que parece que va a explotar, aunque no explota, claro. A veces tengo que ir de pie y agarrarme fuerte porque si no, puedo caer. Una vez un señor mayor no encontraba sitio y nadie se levantaba. Me dio un poco de cosa, pero al final una chica se levantó y le dejó sentarse. Yo pensé que eso es el civismo, aunque esa palabra la dicen mucho los profes y suena un poco rara.
También hay personas que hablan muy fuerte o ponen música sin cascos. A mi no me molesta siempre, pero hay días que estoy haciendo mates en la tablet y no me puedo concentrar nada. Creo que si todos pensaramos un poco en los demás, el viaje sería mejor. No es solo ir en bus, es compartir un espacio muy pequeño con mucha gente diferente.
Cuando llegamos a Diagonal baja un montón de personas y el bus se queda más vacío. Se nota un montón el cambio. Yo a veces me siento y respiro tranquilo. Me gusta mirar por la ventana y pensar que todos los que vamos ahí dentro tenemos cosas importantes que hacer: trabajar, estudiar, ir al medico o lo que sea.
Para mi, la convivencia en el transporte es como una especie de acuerdo que no se dice y es algo que se hace cada mañana en el V3 y entonces es un poco más fácil para todos. Nadie lo firma, pero todos sabemos que hay que respetar: no empujar, no gritar, ceder el asiento si hace falta y dar las gracias. Si todos hiciéramos eso, el viaje sería más corto, o al menos lo parecería.