Autor/a
Redloriana
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Miradas

Y así, sin más, apareció.
Estuvo mucho tiempo soñando con él. Era de ese tipo de historias que empiezan de una forma muy simple y acaban de una manera tan intensa que cuando tu memoria vuelve a recordarla piensas: ¿de verdad algo así era posible? Ni en mil vidas lo hubiera imaginado.
Ella trabajaba en la universidad y cada día cogía el metro en Fabra i Puig para llegar a Universitat. Un día se dio cuenta de que un chico la miraba, y no era como esas miradas fugaces que intercambias con desconocidos mientras viajas. Él la miraba con intensidad, como quien admira lo más bello que ha visto jamás. Eso la hizo sonrojarse y apartó la mirada inmediatamente. Él se bajo en Glories y ella no le dio más importancia.
Al día siguiente volvió a repetirse: misma hora, misma persona, mismo vagón y la misma mirada. Aquella casualidad la puso nerviosa y no pudo más que apartar los ojos. No era del tipo que te incomodan; ambos desviaban su atención de vez en cuando, pero al momento, una atracción silenciosa les volvía a atrapar. Sintió una pequeña punzada en el estomago cuando llegó la parada de Glòries y le vio bajar. Pasó el resto del día pensando en él. ¿A quién no le gusta sentirse protagonista de una historia así?
Un jueves decidió acercarse un poco más, con un disimulo que tenia muy poco de disimulo; nunca había sido una chica muy lanzada. Se colocó lo suficientemente cerca como para que, cuando el metro paró en La Sagrera, la gente la empujara un poco más hacia él. De repente, otro sentido entró en juego: el olfato. Olía a madera y a musgo, un aroma tan sutil como elegante que la embriagó. No quería parecer una loca, pero aquel olor la envolvía.
Alzó sus ojos y chocaron con los de él, tan cerca y a la vez tan lejos. Ambos eran conscientes de aquella intensidad.
Y así fueron pasando los días. Ella solo esperaba que llegara el momento de ir al trabajo para verlo. Los viernes eran siempre el día más triste de la semana, porque hasta el lunes no volvería a encontrárselo. Había imaginado mil veces a qué se dedicaría, si tendría pareja, qué tipo de música le gustaría, si sería más de playa o de montaña, si le apasionaría viajar…Y todos esos pensamientos desembocaban siempre en la misma conclusión: no lo conoces de nada y nunca sabrás quien es.
Pero entonces llegó un lunes que no fue como los demás. Un lunes, después de sus miradas, de acercarse sutilmente el uno al otro, después de una sonrisa tímida entre ambos, él no bajó en Glòries. Miró hacía las puertas mientras se abrían, y en cuanto empezaron a cerrarse se volvió para mirarla. Ella sintió el vértigo antes de entenderlo todo.
Se quedó de pie frente a ella y por primera vez, habló.
-Hola.