Autor/a
Sherlock
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 anys
Centre escolar
Les Neus
Misterio en Barcelona
Era un día tranquilo en Barcelona. Estaba tomando un café en la cafetería de la vuelta de la esquina, al lado de mi piso, hasta que todo cambió. Cogí el metro para ir a mi despacho. Justo al ir a entrar en el tren de la línea 9 un señor extraño se chocó conmigo. Al girarme para disculparme ya no estaba. ¿Quién era ese señor? ¿Cómo desapareció tan rápido? Un montón de preguntas rondaban mi cabeza.
Me senté en un asiento del metro y al poco me dormí. Estaba muy cansado, tanto que incluso me pasé de parada. Bueno, al llegar a mi despacho me di cuenta de que en mi bolsillo tenía un papel misterioso que antes no tenía. No le di mucha importancia al principio hasta que leí su contenido: "Hola, Juan. Si quieres vivir, a este juego tendrás que jugar. Los acertijos resolver o si no morirás".
Me asusté mucho (claramente). Lo primero que pensé fue cómo sabía mi nombre, quién me podía haber dicho esto. Pero bueno, pensé, tendré que jugar.
En la parte de detrás estaba el primer acertijo, el comienzo de mi aventura. "Bajo tierra se mueve. Por túneles subterráneos navega. Ve rápido, no se te vaya a escapar".
Al momento me vino a la mente el metro. Pensé si todos los acertijos tratarían de vehículos, pero de momento no podía saberlo. Al llegar a la estación de metro vi en un asiento algo que me impactó mucho. Ese asiento justo era el asiento en el que me senté con mi padre por última vez antes de que desapareciera. Había una nota que decía: "Lo has acertado. Ahora esta última tendrás que saber. Por el cielo se mueve surcándolo. Procura no tener miedo a las alturas".
Estaba claro, era el teleférico. Seguía siendo de TMB. Qué curioso, mi padre y yo cogíamos muchos transportes de TMB antes de que se fuera. Bueno, cuando llegué al teleférico vi a un señor que me resultaba familiar. Cuando me acercaba más hacia él, me resultaba cada vez más familiar, hasta que, justo cuando lo pude ver bien, se subió al teleférico. Yo, al ir corriendo hacia el teleférico, me caí con una roca y se me escapó, pero cerca había una de esas bicis de AMBici, así que cogí una de ellas y le perseguí. Fue emocionante hasta que lo acorralé en un callejón sin salida y allí lo vi claro. Era mi padre, después de todos estos años. Me alegré mucho, pero ¿por qué después de todos estos años ha vuelto? La cabeza me daba vueltas, tantos porqués y ninguna respuesta, hasta que me dijo:
— Hola, Juan, lo siento por no haber estado todos estos años. Te estaba preparando todo este tiempo para saber si eres un buen detective, igual que me lo hizo tu abuelo a mí y tu bisabuelo a tu abuelo y así consecutivamente durante generaciones, y ahora te ha tocado a ti, hijo mío, y lo has superado. Estoy muy orgulloso de ti.
Esas palabras me aclararon la cabeza y sobre todo me sentí orgulloso de mí; lo había conseguido, todo lo que habían conseguido mis antepasados lo logré yo, y en ese momento comprendí que me había convertido en un detective hecho y derecho.
Me senté en un asiento del metro y al poco me dormí. Estaba muy cansado, tanto que incluso me pasé de parada. Bueno, al llegar a mi despacho me di cuenta de que en mi bolsillo tenía un papel misterioso que antes no tenía. No le di mucha importancia al principio hasta que leí su contenido: "Hola, Juan. Si quieres vivir, a este juego tendrás que jugar. Los acertijos resolver o si no morirás".
Me asusté mucho (claramente). Lo primero que pensé fue cómo sabía mi nombre, quién me podía haber dicho esto. Pero bueno, pensé, tendré que jugar.
En la parte de detrás estaba el primer acertijo, el comienzo de mi aventura. "Bajo tierra se mueve. Por túneles subterráneos navega. Ve rápido, no se te vaya a escapar".
Al momento me vino a la mente el metro. Pensé si todos los acertijos tratarían de vehículos, pero de momento no podía saberlo. Al llegar a la estación de metro vi en un asiento algo que me impactó mucho. Ese asiento justo era el asiento en el que me senté con mi padre por última vez antes de que desapareciera. Había una nota que decía: "Lo has acertado. Ahora esta última tendrás que saber. Por el cielo se mueve surcándolo. Procura no tener miedo a las alturas".
Estaba claro, era el teleférico. Seguía siendo de TMB. Qué curioso, mi padre y yo cogíamos muchos transportes de TMB antes de que se fuera. Bueno, cuando llegué al teleférico vi a un señor que me resultaba familiar. Cuando me acercaba más hacia él, me resultaba cada vez más familiar, hasta que, justo cuando lo pude ver bien, se subió al teleférico. Yo, al ir corriendo hacia el teleférico, me caí con una roca y se me escapó, pero cerca había una de esas bicis de AMBici, así que cogí una de ellas y le perseguí. Fue emocionante hasta que lo acorralé en un callejón sin salida y allí lo vi claro. Era mi padre, después de todos estos años. Me alegré mucho, pero ¿por qué después de todos estos años ha vuelto? La cabeza me daba vueltas, tantos porqués y ninguna respuesta, hasta que me dijo:
— Hola, Juan, lo siento por no haber estado todos estos años. Te estaba preparando todo este tiempo para saber si eres un buen detective, igual que me lo hizo tu abuelo a mí y tu bisabuelo a tu abuelo y así consecutivamente durante generaciones, y ahora te ha tocado a ti, hijo mío, y lo has superado. Estoy muy orgulloso de ti.
Esas palabras me aclararon la cabeza y sobre todo me sentí orgulloso de mí; lo había conseguido, todo lo que habían conseguido mis antepasados lo logré yo, y en ese momento comprendí que me había convertido en un detective hecho y derecho.