Autor/a
Ana María
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 anys
Centre escolar
Col.legi Canigó de Barcelona
Relat escolar

Pequeños gestos

El autobús nocturno siempre huele a una mezcla de colonia barata y cansancio.

Sara subió en Plaça Catalunya con el uniforme aún puesto bajo el abrigo. Había salido tarde del hospital y el turno se le había quedado pegado a la piel. Se sentó junto a la ventana, apoyó la frente en el cristal frío y dejó de lado sus pensamientos por un momento.
En el asiento de enfrente un chico joven sostenía una caja de pizza cerrada. No parecía tener prisa por abrirla. A su lado, un hombre con expresión tensa, miraba el móvil.
Sara pensó en la conversación con su jefe esa misma tarde. "No puedes salvar a todo el mundo", le había dicho él. Ella había asentido. Esa noche, un paciente no había salido adelante. Y, aunque sabía que había hecho todo lo posible, la palabra suficiente le resultaba pequeña.
El autobús avanzó Gran Vía casi vacía. Los semáforos en rojo parecían más largos de lo normal. El chico de la pizza, de repente, abrió la caja y ofreció una porción al hombre del móvil.
-- Me sobra-- dijo, encogiéndose de hombros.
Él dudó un segundo y luego aceptó con una sonrisa cansada.
El gesto fue sencillo, casi insignificante. Pero algo cambió en el ambiente. Ella sintió cómo algo se aflojaba dentro de su pecho. No era felicidad, tampoco alivio. Era la certeza de que, aunque no pudiera arreglarlo todo, todavía existían pequeños actos que sostenían el mundo sin hacer ruido.

El autobús llegó a su parada y, mientras caminaba hacia casa, entendió algo sencillo: quizá no se trataba de salvar a todo el mundo. Quizá bastaba con estar, con compartir una porción de pizza a las dos de la mañana.