Autor/a
Ainhoa
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 anys
Centre escolar
Sant Francesc de Sabadell
Qué hubiese pasado si...
Imagina…
Una tarde del 1987, volví a casa con una lluvia que parecía un diluvio ¿la razón? Estaba abrumada. Este “don” de controlar el clima parecía una pesadilla.Si me enfadaba, habrían rayos, si lloraba, el cielo lloraba conmigo y si estaba feliz… aún no lo sé.
Llevábamos semanas de lluvia intensa y todo se estaba inundando. Pero eso ya era normal por aquí. Los vecinos siempre me decían: “sonríe, hazlo por nosotros”. Era su truco de manipulación. ¿Cómo iba a sonreír si ninguno de ellos ayudaba? Esas súplicas se convirtieron rápidamente en acusaciones y quejas. Yo solo cerraba la puerta en sus narices, dejando que mi ignorancia se anunciase.
Una tarde después de discutir con el profesor de historia volví al piso como de costumbre. Deslicé las llaves […] esperando el “clic” de la puerta pero en vez de eso escuché un “espera” y una mano […] en mi hombro. Me giré sabiendo que sería un vecino de la planta, pero no, de todos los vecinos que conocía, ninguno se parecía a él. Tenía un pelo pelirrojo parecido al color del perro de Amalia, una vecina quejica y seria. Unos ojos azules, como sería el cielo si no estuviese siempre lloviendo. Y una piel blanca con pequeños manchitos llamados “pecas”. Todas sus facciones hacían contraste con las mías: pelo negro, piel morena y ojos como monedas de 5 céntimos, que es lo que valía para muchos. Me comenzó a hablar sobre mis emociones. Pero no eran ruegos como otros, tenían un tono de ¿admiración? Empezamos a charlar de mi don. Le parecía asombroso, mágico, inspirativo… Dijo tantas palabras bonitas que no las recuerdo con exactitud.
Estuvimos toda la tarde riéndonos, pero en ese momento llegó un resplandor. Era un rayo de luz. Las nubes iban dejando paso a una gema amarilla que en cualquier momento me dejaría ciega. Nicky, el chico pelirrojo de tomate, se rió. Me dijo: “Eso no es una gema, es el sol. Desprende una luz como tú, tú eres mi luz”. En ese momento me giré y… FIN. Cerré el libro.
Fui en bicicleta derramando lágrimas al cementerio con un ramo. Siempre se me olvida que hace 2 años que no estás. Te dejé el ramo diciendo: “Siempre vivirás en mí, y yo en ti”. Y como decía ¿qué te lo has imaginado?
Una tarde del 1987, volví a casa con una lluvia que parecía un diluvio ¿la razón? Estaba abrumada. Este “don” de controlar el clima parecía una pesadilla.Si me enfadaba, habrían rayos, si lloraba, el cielo lloraba conmigo y si estaba feliz… aún no lo sé.
Llevábamos semanas de lluvia intensa y todo se estaba inundando. Pero eso ya era normal por aquí. Los vecinos siempre me decían: “sonríe, hazlo por nosotros”. Era su truco de manipulación. ¿Cómo iba a sonreír si ninguno de ellos ayudaba? Esas súplicas se convirtieron rápidamente en acusaciones y quejas. Yo solo cerraba la puerta en sus narices, dejando que mi ignorancia se anunciase.
Una tarde después de discutir con el profesor de historia volví al piso como de costumbre. Deslicé las llaves […] esperando el “clic” de la puerta pero en vez de eso escuché un “espera” y una mano […] en mi hombro. Me giré sabiendo que sería un vecino de la planta, pero no, de todos los vecinos que conocía, ninguno se parecía a él. Tenía un pelo pelirrojo parecido al color del perro de Amalia, una vecina quejica y seria. Unos ojos azules, como sería el cielo si no estuviese siempre lloviendo. Y una piel blanca con pequeños manchitos llamados “pecas”. Todas sus facciones hacían contraste con las mías: pelo negro, piel morena y ojos como monedas de 5 céntimos, que es lo que valía para muchos. Me comenzó a hablar sobre mis emociones. Pero no eran ruegos como otros, tenían un tono de ¿admiración? Empezamos a charlar de mi don. Le parecía asombroso, mágico, inspirativo… Dijo tantas palabras bonitas que no las recuerdo con exactitud.
Estuvimos toda la tarde riéndonos, pero en ese momento llegó un resplandor. Era un rayo de luz. Las nubes iban dejando paso a una gema amarilla que en cualquier momento me dejaría ciega. Nicky, el chico pelirrojo de tomate, se rió. Me dijo: “Eso no es una gema, es el sol. Desprende una luz como tú, tú eres mi luz”. En ese momento me giré y… FIN. Cerré el libro.
Fui en bicicleta derramando lágrimas al cementerio con un ramo. Siempre se me olvida que hace 2 años que no estás. Te dejé el ramo diciendo: “Siempre vivirás en mí, y yo en ti”. Y como decía ¿qué te lo has imaginado?