Autor/a
Atlanta
Categoria
Relat lliure
Tiempo de espera
Cada día, sin excusas ni retrasos, la enfermera coge el metro de las 6:23 horas en la estación de Sants. Linea azul. Sentido Vall d’Hebron. Veintisiete minutos hasta su destino. Seis minutos caminando hasta el hospital. Fichar. Seis minutos para ponerse el “pijama”. Dieciocho minutos, con suerte, para recibir el turno de su compañera de la noche y luego una larga jornada por delante. La comodidad sin sorpresas de lo cotidiano. Son las 6:22. Todo bien hoy.
6:24…6:25… El panel informativo del andén intenta hipnotizar la incipiente desazón de los usuarios con un puntito negro ―Carregant informació―que recorre, persiguiendo pensativo, un círculo de puntos grises.
Debe pesar mucho ―la enfermera divaga― porque no acaba de cargarla.
Ve como el andén se va llenando de caras soñolientas que echan un vistazo al panel ― Carregant informació― y continúan durmiendo indiferentes mientras miran su móvil, como si las respuestas del mundo estuvieran en una pantalla que pasan deprisa, sin ver, con el dedo pulgar.
La megafonía emite una especie de carraspeo, pero acaba por enmudecer. 6:30. Quizá le hace falta un café para poder ponerse en marcha.
Llega más gente que alza la cabeza al cielo del andén, en una silenciosa plegaria pagana, buscando la respuesta a la inusual aglomeración ― Carregant informació― en la atribulada pantalla del panel. El puntito negro sigue dando vueltas, incesante, y no acaba de encontrar esa información que anda buscando hace rato.
El oráculo de la megafonía habla finalmente:
―Senyors passatgers. Amb motiu d’una incidencia técnica, els trens de la línia cinc circulen amb retard. Disculpin les molèsties.
―Señores pasajeros. Con motivo de una incidencia técnica, los trenes de la línea cinco circulan con retraso. Disculpen las molestias.
6:37. Un rumor lejano va aumentando hasta convertirse en un rugido a medida que se acerca y una bocanada de aire caliente golpea los rostros soñolientos del andén cuando el convoy, enorme gusano iluminado, asoma su cabeza por la boca del túnel y detiene lentamente su articulado cuerpo metálico.
Se abren sus entrañas y la gente, ya una masa, entra apresurada, como un extraño torrente sanguíneo, mientras arrastra a la enfermera hacia el interior.
Los pitidos del cierre de puertas, un piar entrecortado, y el gusano se pone en marcha despacio con su carga humana y acelera lentamente alejándose hacia la oscuridad del túnel.
La enfermera piensa que hoy llegará muy justa; que su compañera va a tener que esperar un poco más antes de irse a un merecido descanso; que, de fondo, los pacientes pulsarán los timbres de su habitación con paradójica impaciencia ―¿dónde se han metido las enfermeras? ― mientras ellas intercambian información del estado y tratamientos de los enfermos.
Aún no ha iniciado su turno y las cosas se han empezado a torcer. El día puede complicarse aún más. Lo sabe bien. No en vano lleva once años viviendo el ritual del cambio de guardia.
Respira hondo y deja que su mente disfrute de los últimos momentos de relax del día, acunada por el fragor del metro.
6:39. Ajeno a todo, en el andén, el puntito laborioso ha encontrado lo que buscaba. La blanca pantalla muestra lo que parece el bocadillo de diálogo de un tebeo, muy rojo, con las blancas letras de su mensaje ligeramente en cursiva: TMB.
6:24…6:25… El panel informativo del andén intenta hipnotizar la incipiente desazón de los usuarios con un puntito negro ―Carregant informació―que recorre, persiguiendo pensativo, un círculo de puntos grises.
Debe pesar mucho ―la enfermera divaga― porque no acaba de cargarla.
Ve como el andén se va llenando de caras soñolientas que echan un vistazo al panel ― Carregant informació― y continúan durmiendo indiferentes mientras miran su móvil, como si las respuestas del mundo estuvieran en una pantalla que pasan deprisa, sin ver, con el dedo pulgar.
La megafonía emite una especie de carraspeo, pero acaba por enmudecer. 6:30. Quizá le hace falta un café para poder ponerse en marcha.
Llega más gente que alza la cabeza al cielo del andén, en una silenciosa plegaria pagana, buscando la respuesta a la inusual aglomeración ― Carregant informació― en la atribulada pantalla del panel. El puntito negro sigue dando vueltas, incesante, y no acaba de encontrar esa información que anda buscando hace rato.
El oráculo de la megafonía habla finalmente:
―Senyors passatgers. Amb motiu d’una incidencia técnica, els trens de la línia cinc circulen amb retard. Disculpin les molèsties.
―Señores pasajeros. Con motivo de una incidencia técnica, los trenes de la línea cinco circulan con retraso. Disculpen las molestias.
6:37. Un rumor lejano va aumentando hasta convertirse en un rugido a medida que se acerca y una bocanada de aire caliente golpea los rostros soñolientos del andén cuando el convoy, enorme gusano iluminado, asoma su cabeza por la boca del túnel y detiene lentamente su articulado cuerpo metálico.
Se abren sus entrañas y la gente, ya una masa, entra apresurada, como un extraño torrente sanguíneo, mientras arrastra a la enfermera hacia el interior.
Los pitidos del cierre de puertas, un piar entrecortado, y el gusano se pone en marcha despacio con su carga humana y acelera lentamente alejándose hacia la oscuridad del túnel.
La enfermera piensa que hoy llegará muy justa; que su compañera va a tener que esperar un poco más antes de irse a un merecido descanso; que, de fondo, los pacientes pulsarán los timbres de su habitación con paradójica impaciencia ―¿dónde se han metido las enfermeras? ― mientras ellas intercambian información del estado y tratamientos de los enfermos.
Aún no ha iniciado su turno y las cosas se han empezado a torcer. El día puede complicarse aún más. Lo sabe bien. No en vano lleva once años viviendo el ritual del cambio de guardia.
Respira hondo y deja que su mente disfrute de los últimos momentos de relax del día, acunada por el fragor del metro.
6:39. Ajeno a todo, en el andén, el puntito laborioso ha encontrado lo que buscaba. La blanca pantalla muestra lo que parece el bocadillo de diálogo de un tebeo, muy rojo, con las blancas letras de su mensaje ligeramente en cursiva: TMB.