Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
Institució Igualada
Relat escolar

Un día extraño en el metro de

Hay días que parecen normales pero acaban siendo completamente diferentes de lo que esperas, y eso es lo que me pasó a mí una mañana cualquiera. No pensaba que coger el metro acabaría siendo una experiencia tan rara.
Aquél día iba en metro hacia el trabajo en la avenida Meridiana porque no tenía el coche a mano, así que me tocó volver a utilizar el transporte público después de bastante tiempo. No estaba muy acostumbrado, pero tampoco me preocupaba demasiado. El viaje era un poco largo desde La Rambla hasta la avenida Meridiana donde trabajaba yo.
Cuando subí me aseguré de que era mi tren, y cuando lo vi, me tranquilicé. El ambiente era bastante extraño, había un niño pequeño llorando a gritos, unos chicos de unos dieciséis años con ropa ancha poniendo música a todo volumen muy alta y también una madre con dos hijos bastante movidos comiendo un helado que acababa más en la ropa que en la boca. Todo parecía bastante normal dentro de lo que cabe, pero me fijé en un hombre que iba muy elegante, con gafas oscuras y un aire un poco extraño, no sabría explicarlo muy bien.
En un momento se giró y me miró fijamente a los ojos con una mirada muy intensa, yo aparté la vista rápidamente. De reojo vi que esa cara me sonaba familiar pero no le di importancia. Después de eso decidí cambiar de vagón porque no estaba muy cómodo, pero cuando entré en el siguiente vi que era bastante parecido, había mucha gente y tampoco me gustó demasiado así que volví a cambiar. En el siguiente parecía más tranquilo aunque había una mujer embarazada discutiendo con un hombre porque él se había sentado en un asiento reservado para embarazadas, pero el hombre no hacía caso y la estaba ignorando. Eso me molestó bastante y decidí decirle algo, le dije que no estaba bien lo que hacía pero él se levantó de golpe y se puso un poco agresivo, en ese momento me asusté un poco. Por suerte apareció un policía y la situación se calmó bastante rápido, al final el hombre acabó cediéndole el asiento y la mujer me dio las gracias, yo le dije que no era nada.
Después me moví un poco por el vagón y volví a ver a aquel hombre elegante, me pareció un poco extraño pero no le di mucha importancia e intenté buscar un sitio más tranquilo. En la siguiente parada entró mucha más gente y me tuve que mover otra vez, hasta que llegué a un vagón donde casi no había nadie, solo yo y tres personas más.
En ese momento lo volví a ver, el mismo hombre, y ya me pareció demasiada casualidad pero intenté no pensar mucho en ello, aun así me empecé a poner un poco nervioso. Cuando lo tuve delante de mí lo reconocí, era mi jefe.
No me lo podía creer y antes de que yo dijera nada él me dijo que era una buena persona y que había estado observando.
En ese momento me acordé de haber ayudado a aquella mujer embarazada.
No sabía muy bien qué decir y sonreí un poco y le pregunté por qué, entonces me explicó que había visto lo que había hecho antes y que le había gustado cómo había actuado, y que quería gente así en su empresa. Así que me ascendió de puesto.
Cuando acabé el trabajo, llamé a mi amigo para que me llevara a casa en su coche. Fue un día bastante extraño, pero valió la pena.