Autor/a
Álava Sierra
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Viaje solo de ida

Se va a despertar en medio de la mayor negrura. Por más que lo intenta, sus ojos no son capaces de adaptarse y poder distinguir nada. Observo como mira frenéticamente a su alrededor, intentando agarrarse a algo, reconocer algo, pero está entrando en pánico.
Su respiración es errática, la oigo desde la distancia. Pero no grita. No gime. Solo respira. Comienza a mover las manos, palpando, y entonces da con una estructura metálica que, incrustada en el suelo, sé que se pierde en la distancia. Él no lo sabe todavía, pero estamos atrapados en el túnel del metro de Barcelona. Iba a... perdón, me he distraído. Está a punto de lograrlo. Ha conseguido ponerse en pie y ahora está tocando el muro que tiene a su izquierda. No le veo la cara, puesto que está de espaldas a mí, pero tampoco se gira. No sabe de mi existencia, no sabe que estoy aquí, igual que yo tampoco lo supe. Entonces sé que va a gritar.
- ¿Hola? - pero apenas es un susurro en la inmensidad de dónde nos encontramos. - ¿HOLA? - vuelve a hacerlo con más energía, pero sé que no servirá de nada.
Tras intentar controlar el terror que sé que le invade comienza a caminar y, como por inercia, como si un imán nos mantuviera conectados, mis pies también comienzan a moverse. A diferencia de él, a mí ya no me hace falta apoyar la mano en el muro de hormigón para guiarme. Llevo tanto tiempo atrapado aquí que ya me conozco estos túneles como la palma de mi mano. Apenas recuerdo en qué estación subí, pero sé que estos túneles pertenecen a la L10 norte.
De repente, se detiene y yo con él. Creo que en este momento ya se ha dado cuenta de que llevamos caminando más de 1 km y debería de haber llegado a alguna estación. Sin embargo, el túnel y la oscuridad persisten. Una frágil luz verde capta su atención y sé que va a correr hacia allí, tropezando por el camino. Pero eso no lo va a detener. Es una puerta metálica del mismo color que la luz. La palabra "SALIDA" está escrita tanto en la puerta como en la iluminación. Y la mira esperanzado. Sé que es así porque yo sentí lo mismo la primera vez que la vi. Coge aire y lo suelta. Vuelve a coger aire y sé que ahora está dudando. Se mira las manos, mira a un lado y a otro, pero no me ve. Estoy demasiado internado en la oscuridad y la luz no llega hasta mí. Y nunca llegará. Por un momento me emociono y dejo que me inunden un atisbo de sus emociones, pero no dejo que me controlen. Demasiadas decepciones a lo largo de un tiempo que ya dejé de contar. Y ahora se prepara. Coloca ambas manos en la barra de la puerta y empuja con todas sus fuerzas. La puerta chirría con fuerza a la vez que se abre para dar a paso a más oscuridad. Atraviesa el umbral y mis pies comienzan a moverse de nuevo con él. Atravieso la puerta de nuevo para volver a comenzar.
He de caminar unos pocos metros y entonces lo veo. Se va a despertar en medio de la mayor negrura. Por más que lo intenta, sus ojos no son capaces de adaptarse y poder distinguir nada. Observo de nuevo como mira frenéticamente a su alrededor intentando distinguir algo, intentado saber dónde está. Pero ya lo sabe, ya lo sé, ya lo sabemos. Y como si del infierno se tratase o de un limbo aterrador, volvemos a recorrer los túneles de la línea del metro de la que no saldremos jamás.