Autor/a
didacjpesa
Categoria
Relat lliure
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Una mano grande y fuerte agarra con fuerza la barra del centro del vagón.La luz blanca que baña el interior del habitáculo, consigue que la oscuridad del túnel se esconda tras las ventanas.En el cristal, una imagen nítida danza al son de la velocidad del convoy.El pelo largo que fue castaño ha sido relegado por el gris inevitable de los años.La mayoría de los asientos están libres, pero él sigue anclado junto a la fría barra de brillo inoxidable, con la mirada perdida en su reflejo.Como si el tiempo hubiese pasado demasiado deprisa. Una lágrima furtiva escapa de sus ojos pequeños y se desliza conducida por los surcos grabados que dibujan su rostro.Sus orejas bien situadas, se han agrandado y sus lóbulos se han desgarrado por el peso de unos pendientes adolescentes en forma de aro, vestigios de una época de rebeldía enterrada en las historias que ya nadie quiere oír.Su nariz es aparatosa.Se ha desproporcionado dándole un aspecto feroz que no recuerda.El cuello ha perdido la firmeza.Una dermis enrojecida se descuelga inerte confiriéndole un aspecto vulnerable.La barbilla empieza a temblar, cautiva de una emoción que no puede gestionar.La vida se le escapa entre los dedos gruesos. Baja la cabeza ignorando su figura.
Da un paso atrás y se sienta en el banco vacío.Sus pantalones beige y su camisa blanca se sincronizan con sus zapatos claros de tela y sus calcetines color carne. Se observa y se detesta.
El metro se para en la siguiente estación.Se abren las puertas, atacan los pitidos, pero no sube nadie. Una brisa de aire fresco se atreve a entrar jugueteando por el vagón vacío silbando al atravesar el resquicio de la ventana, le envuelve acariciando su piel y secando sus mejillas.El viento lo posee como si tuviera la capacidad de entrar y purificar cada centímetro de su cuerpo.
Se cierran las puertas y de nuevo el vacío.La camisa le aprieta,parece haber encogido. Sus hombros empujan contra la tela blanca y los espacios se rellenan con su cuerpo.El metro abandona la estación y se adentra en el siguiente túnel.Se levanta incómodo, y mira la ventana.Un hombre fuerte, de cabello castaño y mirada penetrante se mantiene de pie, con una camisa pequeña y unos pantalones que dejan al aire sus tobillos. La piel es joven y el cuello compacto.Sonríe incrédulo y se sienta.El metro sigue la rutina y llega a la siguiente estación.Una especie de soplido metálico precede la obertura de las puertas.Solo entra el aire fresco, que lo voltea como un tornado.Lo hace prisionero, lo levanta un metro y desaparece, dejándole caer sobre el banco.La máquina del tren arranca y se lleva los vagones.
Se mira las manos y las ve excesivamente pequeñas.Los zapatos se le caen. Las mangas de la camisa tocan al suelo mientras intenta sostener los pantalones.Se pone de pie y busca su reflejo.Le faltan dos dientes.Su cabello rubio deja caer un mechón sobre los ojos. Una sonrisa transparente se adueña de aquel rostro infantil.La ilusión ilumina sus pupilas.El metro reduce, empieza a frenar al entrar en la estación. Mientras él sigue enamorado de su imagen oye de nuevo soplar a las puertas. Abre los ojos y un escalofrío recorre su cuerpo. Salta pisándose los pantalones y atraviesa la puerta que se cierra, enganchando la pernera holgada.Los zapatos se le caen y el metro se escapa dejando al aire un culito blanco, divertido e inocente que queda cubierto por la camisa que es ahora un camisón.
El niño sale corriendo con los ojos entreabiertos, huyendo de su reflejo.
Da un paso atrás y se sienta en el banco vacío.Sus pantalones beige y su camisa blanca se sincronizan con sus zapatos claros de tela y sus calcetines color carne. Se observa y se detesta.
El metro se para en la siguiente estación.Se abren las puertas, atacan los pitidos, pero no sube nadie. Una brisa de aire fresco se atreve a entrar jugueteando por el vagón vacío silbando al atravesar el resquicio de la ventana, le envuelve acariciando su piel y secando sus mejillas.El viento lo posee como si tuviera la capacidad de entrar y purificar cada centímetro de su cuerpo.
Se cierran las puertas y de nuevo el vacío.La camisa le aprieta,parece haber encogido. Sus hombros empujan contra la tela blanca y los espacios se rellenan con su cuerpo.El metro abandona la estación y se adentra en el siguiente túnel.Se levanta incómodo, y mira la ventana.Un hombre fuerte, de cabello castaño y mirada penetrante se mantiene de pie, con una camisa pequeña y unos pantalones que dejan al aire sus tobillos. La piel es joven y el cuello compacto.Sonríe incrédulo y se sienta.El metro sigue la rutina y llega a la siguiente estación.Una especie de soplido metálico precede la obertura de las puertas.Solo entra el aire fresco, que lo voltea como un tornado.Lo hace prisionero, lo levanta un metro y desaparece, dejándole caer sobre el banco.La máquina del tren arranca y se lleva los vagones.
Se mira las manos y las ve excesivamente pequeñas.Los zapatos se le caen. Las mangas de la camisa tocan al suelo mientras intenta sostener los pantalones.Se pone de pie y busca su reflejo.Le faltan dos dientes.Su cabello rubio deja caer un mechón sobre los ojos. Una sonrisa transparente se adueña de aquel rostro infantil.La ilusión ilumina sus pupilas.El metro reduce, empieza a frenar al entrar en la estación. Mientras él sigue enamorado de su imagen oye de nuevo soplar a las puertas. Abre los ojos y un escalofrío recorre su cuerpo. Salta pisándose los pantalones y atraviesa la puerta que se cierra, enganchando la pernera holgada.Los zapatos se le caen y el metro se escapa dejando al aire un culito blanco, divertido e inocente que queda cubierto por la camisa que es ahora un camisón.
El niño sale corriendo con los ojos entreabiertos, huyendo de su reflejo.