Autor/a
Soria006
Categoria
Relat lliure
Correspondencia
Nos enamoramos en la L1, aunque ninguno subió ese día pensando que podía pasar. Fue entre Urquinaona y Marina, en ese tramo donde el metro va lleno pero cada uno viaja solo.
Tú leías un libro doblado por la mitad, como si ya lo hubieras vivido demasiado. Yo fingía mirar el mapa de líneas, aun sabiéndolo de memoria. Cuando el tren frenó de golpe, tu mano buscó apoyo en el aire y encontró la mía. No fue eléctrico. Fue tranquilo. Eso fue lo raro.
No hablamos. Bajaste en Glòries. Yo seguí hasta Clot preguntándome por qué el amor, cuando aparece, casi siempre llega sin palabras.
Durante semanas volví a coger el mismo metro, a la misma hora. A veces estabas. A veces no. Cuando estabas, nos sonreíamos como quien no quiere estropear algo frágil. Un día dejaste una nota dentro del libro. Otro día fui yo quien escribió en un billete sencillo: “Si bajas mañana, café.”
El metro se convirtió en un sistema de señales mínimas: una mirada para decir “hoy no”, un gesto para decir “espérame”. Aprendimos a querernos entre estaciones, amb parades curtes i promeses llargues.
El día que la L1 se averió, caminamos juntos hasta la superficie. La ciudad hacía ruido, había semáforos, prisas, nombres de calles. Nos miramos un segundo más de lo necesario y entendimos que el amor también tenía que subir a la luz.
Ahora ya no coincidimos en el metro. Vivimos juntos, lejos de esa línea roja que nos enseñó a empezar despacio. Pero a veces, cuando oigo el sonido de puertas cerrándose, te miro y sonrío.
Porque hay amores que no necesitan llegar rápido.
Solo necesitan un buen trayecto. ❤️🚇
Tú leías un libro doblado por la mitad, como si ya lo hubieras vivido demasiado. Yo fingía mirar el mapa de líneas, aun sabiéndolo de memoria. Cuando el tren frenó de golpe, tu mano buscó apoyo en el aire y encontró la mía. No fue eléctrico. Fue tranquilo. Eso fue lo raro.
No hablamos. Bajaste en Glòries. Yo seguí hasta Clot preguntándome por qué el amor, cuando aparece, casi siempre llega sin palabras.
Durante semanas volví a coger el mismo metro, a la misma hora. A veces estabas. A veces no. Cuando estabas, nos sonreíamos como quien no quiere estropear algo frágil. Un día dejaste una nota dentro del libro. Otro día fui yo quien escribió en un billete sencillo: “Si bajas mañana, café.”
El metro se convirtió en un sistema de señales mínimas: una mirada para decir “hoy no”, un gesto para decir “espérame”. Aprendimos a querernos entre estaciones, amb parades curtes i promeses llargues.
El día que la L1 se averió, caminamos juntos hasta la superficie. La ciudad hacía ruido, había semáforos, prisas, nombres de calles. Nos miramos un segundo más de lo necesario y entendimos que el amor también tenía que subir a la luz.
Ahora ya no coincidimos en el metro. Vivimos juntos, lejos de esa línea roja que nos enseñó a empezar despacio. Pero a veces, cuando oigo el sonido de puertas cerrándose, te miro y sonrío.
Porque hay amores que no necesitan llegar rápido.
Solo necesitan un buen trayecto. ❤️🚇