Autor/a
ROMAMOR
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

El sistema nervioso

Soy un observador profesional de lo cotidiano, un antropólogo de asfalto y de subsuelos, que utiliza su tarjeta T-Usual como pase VIP al mayor espectáculo del mundo: la red de TMB.

Mi mañana comenzó en la L3. Mi coche, mal llamado vagón (los vagones llevan animales o mercancías), era un ecosistema en perfecto equilibrio. A mi izquierda, una señora leía un libro de poemas con una serenidad que desafiaba el traqueteo de las vías; a mi derecha, un joven con auriculares intentaba no quedarse dormido mientras su cabeza marcaba el compás de un techno invisible. Me gusta pensar que el Metro no solo transporta cuerpos, sino también diversidad culturales e historias en potencia que se rozan sin llegar a colisionar.

—Pròxima estació: Catalunya. Enllaç amb L1, L6, L7... —anunció la voz, con esa dicción perfecta que es la banda sonora de nuestras vidas.

Decidí cambiar de aires y probar la superficie. Al salir, el sol de Barcelona golpeaba con ganas. Me subí a un Bus de la red H, no me acuerdo el número. Era uno de esos vehículos articulados, de cero emisiones, totalmente accesible (qué más puedo pedir), que maniobran por la cuadrícula del Eixample con la elegancia de un delfín en mar abierto. El conductor, un veterano con reflejos de piloto de Fórmula 1, sorteaba furgonetas de reparto, taxis, motos, patinetes y bicicletas con precisión quirúrgica.

Lo divertido ocurrió en los asientos traseros del bus. Dos turistas intentaban descifrar un mapa, convencidos de que el Telefèric de Montjuïc se cogía "subiendo un poco la calle". Con un tono amable y profesional, un pasajero local les explicó, en un spanglish admirable, que el viaje hacia las alturas requería un poco más de logística pero que valía cada segundo por las vistas de la ciudad.

—It’s like flying over the city, you know? —decía él, gesticulando con las manos.

Al bajarme, me quedé pensando en la coreografía invisible que coordinamos cada día. Miles de personas, cada una con su drama o su alegría a cuestas, compartiendo un espacio común de forma eficiente. El transporte público es el sistema nervioso de la ciudad; nosotros somos los impulsos eléctricos que la mantienen viva.

Llegué a mi destino con una sonrisa. Al final, viajar en TMB no es solo ir de A a B; es ese pequeño paréntesis de humanidad donde, entre un transbordo y una parada, todos formamos parte de la misma película.