Autor/a
Worldmacgiber
Categoria
Relat lliure
Vías paralelas
Dios mio,
Fue todo tan rápido que no se acuerda bien como pasó.
Estaba escuchando the Clash,Eso sí que me acuerdo; tranquilamente estaba esperando el metro en el andén de la linea 5, en la parada Sagrera para dirigirme hacía la comida con las chicas.
Fue de improviso, me llamó Úrsula que si me apuntaba a comer con Lara y ella.
Y si, por qué no, me apetecía muchísimo verlas.
Y de repente, el empujón que lo cambio todo.
Ese empellón fue el final de mi vida. Hay un antes y después, y en medio el silencio.
Un empuje, que me convirtió en otra persona totalmente diferente a la que fui, ni mejor ni peor, simplemente disímil.
Tengo lagunas, e imágenes dispersas de lo que paso como si fueran fotogramas pero que no encajaran.
Recuerdo el tacto de una mano robusta, áspera; fue muy incómoda la sensación. Y luego como un precipicio donde veía el final, las vías, extendiéndose abajo, paralelas e infinitas, ajenas a mí, esperando.
El mundo se estrechó en un punto exacto y el tiempo se plegó sobre sí mismo.
Luego penumbra.
Lo primero que vieron mis ojos fue una chica que no conocía, y me asusté muchísimo. Chillé, y pregunté dónde estaba, y entre en verdadero pánico.
Cuando empecé a tranquilarme, ya fue el puro duro golpe de la realidad, no sentía mis piernas.
La vivencia fue la peor que he sentido con diferencia; tu cerebro dice una orden y el receptor lo recibe, pero no reacciona.
Entró muchísima gente, recuerdo batas blancas, enfermeras, familiares, y yo sólo veía sombras, no veía con nitidez.
Intentaron explicarme lo que había pasado, lo que vendría después, pero yo estaba sumida en una especie de trance, un estado suspendido del que me costó despertar varios días.
Y así es como renací de nuevo.
No como se renace en los relatos amables, sino desde la pérdida, desde la fractura.
Volví a nacer sin movimiento, sin certezas, con un cuerpo que debía reaprenderse y una mente obligada a aceptar lo irreversible.
Resurgí sabiendo que la vida puede romperse en un segundo, y que seguir adelante no siempre es una elección, sino la única posibilidad que queda.
Fue todo tan rápido que no se acuerda bien como pasó.
Estaba escuchando the Clash,Eso sí que me acuerdo; tranquilamente estaba esperando el metro en el andén de la linea 5, en la parada Sagrera para dirigirme hacía la comida con las chicas.
Fue de improviso, me llamó Úrsula que si me apuntaba a comer con Lara y ella.
Y si, por qué no, me apetecía muchísimo verlas.
Y de repente, el empujón que lo cambio todo.
Ese empellón fue el final de mi vida. Hay un antes y después, y en medio el silencio.
Un empuje, que me convirtió en otra persona totalmente diferente a la que fui, ni mejor ni peor, simplemente disímil.
Tengo lagunas, e imágenes dispersas de lo que paso como si fueran fotogramas pero que no encajaran.
Recuerdo el tacto de una mano robusta, áspera; fue muy incómoda la sensación. Y luego como un precipicio donde veía el final, las vías, extendiéndose abajo, paralelas e infinitas, ajenas a mí, esperando.
El mundo se estrechó en un punto exacto y el tiempo se plegó sobre sí mismo.
Luego penumbra.
Lo primero que vieron mis ojos fue una chica que no conocía, y me asusté muchísimo. Chillé, y pregunté dónde estaba, y entre en verdadero pánico.
Cuando empecé a tranquilarme, ya fue el puro duro golpe de la realidad, no sentía mis piernas.
La vivencia fue la peor que he sentido con diferencia; tu cerebro dice una orden y el receptor lo recibe, pero no reacciona.
Entró muchísima gente, recuerdo batas blancas, enfermeras, familiares, y yo sólo veía sombras, no veía con nitidez.
Intentaron explicarme lo que había pasado, lo que vendría después, pero yo estaba sumida en una especie de trance, un estado suspendido del que me costó despertar varios días.
Y así es como renací de nuevo.
No como se renace en los relatos amables, sino desde la pérdida, desde la fractura.
Volví a nacer sin movimiento, sin certezas, con un cuerpo que debía reaprenderse y una mente obligada a aceptar lo irreversible.
Resurgí sabiendo que la vida puede romperse en un segundo, y que seguir adelante no siempre es una elección, sino la única posibilidad que queda.