Autor/a
Flambalkander
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Anti Tinder

— Bueno chicas, esto se acaba. ¿Pillamos unas latas y vamos a casa?
— ¡Venga, vale!
— Es sábado, hay metro toda la noche.
Las veladas en Apolo acostumbran a ser harto entretenidas. Buen ambiente, mejor música… y casi siempre te cruzas con algún figura con el que no te importaría trocar algo más que tu número de teléfono.
Esa noche habíamos ido con ganas de darlo todo en la pista. Dejarnos los pies y la piel allí mismo. Y así fue.
Sin duda, a las tres nos hacía falta la terapia sanadora del baile.
Pero además, tocaba Yousuke Yukimatsu, un monstruo de la escena electrónica internacional. Fue una sesión sublime.
Cuando finalmente encendieron las luces y empezaron a desalojar el templo del sonido, aún se escuchaban ovaciones y a unos cuantos motivados que seguían palmoteando y bramando el nombre del DJ.
Tal como es habitual en este tipo de saraos, el escenario se transforma al darle al botón de la luz, siendo inevitable abandonarse al curioseo.
Estarás de acuerdo conmigo si digo que la fauna que se contempla en estos ambientes es otro espectáculo en sí. El cierre magistral.
Se podía ver en las caras de la multitud el agotamiento, la satisfacción y las ganas de más, pese a estar exhaustos. Pero como se suele decir, cada mochuelo a su olivo. O no.
Desde luego alternativas para continuar la juerga había. Esto es Barcelona. Pero decidimos terminar la noche tomando la última en casa mientras comentábamos la jugada. Y tal vez poner una peli surrealista en Filmin antes de amodorrarnos.
Mas que una buena jarana, lo que nos pedía el cuerpo era rehabilitación. Lamernos las heridas y refugiarnos del temporal emocional por el que estábamos pasando.
Es lo que tiene ser una romántica. Te metes en problemas de los que luego hay que salir.
Puede sonar inspirador si te digo que somos unas valientes, pero lo nuestro es más bien kamikazismo. Quizás no sepamos amar, pero tenemos un máster en romances que arden y luego explotan.
— ¡Vamos, que viene el metro!
No se que pasaba esa noche, pero aquellos vagones eran el reflejo de lo que había en la superficie.
En medio de aquel caos crepuscular y de los borrachos estridentes, me llamó la atención un chico que leía filosofía. Concentrado como si no hubiera absolutamente nadie a su alrededor.
No pude contenerme y fui directa hacia él
— ¿Qué lees?
— Sócrates
— Ah, que interesante encontrar a un hombre apuesto leyendo Sócrates a las cinco y pico de la mañana en medio de esta jauría.
Sonrió extrañado y empezó a mirar a todos lados, hasta acabar enfocándose en mis amigas, que le miraban y sonreían desde sus asientos.
Al verlas tan divertidas se lo debió tomar a pitorreo.
— De verdad, no me estoy quedando contigo. Me has gustado y te lo quería decir. Queda una parada para que nos bajemos. ¿Quieres mi número?
— Me estás vacilando
— En absoluto. Estoy tratando de seducirte
Pero por más que insistía, él no me creía.
— Me tomas el pelo —repetía cada vez que abría la boca.
Cuando estaban apunto de abrirse las puertas en nuestra estación, él dijo:
— ¡Vale! Dámelo!
— Ya no quiero. Has matado la magia.
Quien sabe lo que hubiera pasado si no hubiera tenido que suplicar que me creyera. Pero parece ser que a día de hoy el romanticismo se limita a Tinder.
Te daré un consejo si lo quieres.
Si alguna vez ves a alguien en el metro, en la calle o donde sea, que te hace sentir como si te atravesara un rayo, ármate de valor y suéltale algo bonito.
No es necesario recitar a Neruda.
Simplemente se tú.
Un ser humano auténtico.