Autor/a
DídacJ
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

El poster

Saco mi e-book, me pongo los auriculares de conducción ósea y me siento en el banco del andén a esperar que llegue el metro en dirección a plaza Catalunya. El punteado de “Fade to black” me relaja y echo un vistazo a mi alrededor antes de zambullirme en Murakami. Entonces lo veo, justo delante de mí, un poster de dos metros que reza: “Fes història amb el metro.18 concurs de Relats curts”. Teniendo en cuenta que me dirijo a un curso de narrativa, pienso: ¿Por qué no?
Esa misma tarde llamo a mi amigo Francis. Francis tiene alma de artista y siempre me ayuda con una visión original y crítica de mis textos.
-Francis! ¡Qué tal! aquí estoy de nuevo, ¿eh? ¡Te llamo más que a mi novia!
-Qué pasa! ¿Cómo ha ido el curso?
-Hoy bastante bien, han sido bastante benévolos conmigo, parece que por lo menos he contenido los errores de bulto.
- ¿Ah sí?, muy bien, poco a poco… ¡Ahora no te vengas arriba!
- ¡Hombre, para una vez que no me sacan los colores!... he visto que TMB convoca un concurso de relatos cortos, creo que he tenido una idea…
- ¿Ves cómo te has venido arriba? Anda, cuéntame.
-Pues mira…hoy me ha pasado algo cuanto menos sorprendente, una locura. He llegado al andén y un olor alquitranado me ha trasladado en el tiempo. Iba metido en Kafka en la orilla, cuando, de repente, la paz de mi mundo ha implosionado. Un estruendo envuelto en un chirriar de ruedas, agudo como el arañazo del hierro contra el hierro, se ha apoderado de todo como si el metro se hubiera convertido en un ave ultrasónico y le costara mantenerse adherido a los raíles. Después, una gran sacudida ha desplazado a todos los pasajeros y un frenazo se ha llevado la luz del interior del vagón, por unos segundos. Tras ese pequeño incidente, ha vuelto la normalidad.
El convoy ha proseguido la marcha. En la primera parada ha entrado un hombre con dos niños, me ha llamado la atención la pelota de Micky que llevaba el chaval, porqué yo tenía una igual. Se han bajado en la parada del Clot, y al pasar junto a mi ventana, he podido ver perfectamente el rostro del hombre. ¡Un escalofrío ha recorrido mi espalda...joder! ¡Se parecía la hostia a mi padre! Ya hace dos años que murió, aunque entonces utilizaba una silla de ruedas y ese señor andaba perfectamente.
En la siguiente estación un hombre con su guitarra; me daba mucha pereza, sobre todo a las 9 de la mañana. Subí el volumen de Metallica y decidí ignorarlo por completo. Sin saber muy bien cómo, la rumba de aquel señor amortiguó el trash metal y ganó presencia en mis oídos. La reconocí, era una canción de Peret, y no sonaba nada mal. Giré la cabeza y me fijé en él, iba vestido como en los años sesenta, desde luego se lo había currado. Físicamente hasta se parecía. Acerqué la mano a mi auricular, dos toques, y apagué el sonido digital. La rumba como un influjo mágico los poseyó a todos, provocando que la gente se levantara de sus asientos y se pusiera a bailar.
Alguien me cogió por la cintura con suavidad, me di la vuelta y la vi… ¡mi abuela Fita! Absolutamente joven, como la foto que preside mi comedor, también estaba mi abuelo Manolo, vestido de gala, que me miraba sonriendo. Ya no me asustaba lo que veía, estaba bailando con ellos en una nube de felicidad que me atrapaba…
-Propera estació: Plaça Espanya… ¡mierda! me había dormido, pegué un salto y atravesé las puertas…
- ¡Venga hombre!,- me ataca Francis. ¿Espíritus bailando en el metro?,eso está muy manido.Dale una vuelta.
-Es posible que tengas razón, voy a ver si se me ocurre algo