Autor/a
Aion
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Y Dios bajó

Dios decidió bajar (o subir, según cómo se mire) a la Tierra para observar cómo evolucionaban sus creaciones. Había recibido múltiples quejas y quería comprobar qué estaba ocurriendo. Le decían que había sido injusto al permitir ciertas atrocidades, como que mataran niños, pero eso no era elle —no se identificaba con el ella ni con el ello— quien lo provocaba. Elli había creado dos géneros —tal vez se había quedado corto—, el edén y lo demás era creación de la propia especie.
Bajó como personaje público, concretamente como Jacob Elordi, y no pudo tolerar la cantidad de miradas lascivas y comportamientos histriónicos que recibía el muchacho. Decidió ir a lo fácil y entrar en el Papa, pero tampoco le resultó satisfactorio, todo en demasía comedimiento. Pensó que sería buena idea ser médico o psicólogo, pero no quería quedarse solo con los aspectos negativos de la especie. ¿Quién podría observar de forma más neutral? Lo tuvo claro: un conductor de autobús.
Se transformó en un conductor de autobús de TMB, calvo y con la cara menos caracterizada que se pudiera imaginar. Ningún rasgo destacable, excepto la calvicie, que le había generado algunos insultos de adolescentes. Ellu siempre trataba de buscar a los padres para señalarles que debían reprenderles por su mala educación. Nunca los encontraba, lo cual seguramente era el núcleo del problema.
Como conductor de bus recogió unas cien mil historias diferentes, aunque solía explicar siempre las mismas tres o cuatro a los ángeles y arcángeles.
Contaba cómo una vez había asistido a un parto. ¡Maldito ángel Gabriel, quien le dio la idea de cómo debían ser los nacimientos! Primero, la mujer empezó a contraerse, doblándose sobre sí misma, retorcida por el dolor, y comenzó a gemir. Los otros dos viajeros se alarmaron y se acercaron a preguntarle si estaba bien. Al comprender lo que ocurría, pidieron que parara el autobús, pues ella repetía que no podía esperar. Me arremangué y me coloqué al final de su cuerpo, esperando que el bebé saliera sin mayor dificultad. Tuve que animar, acompañar, empujar, recibir apretones, hasta que otro señor calvo apareció con traje amarillo, me apartó y facilitó la salida. Todo eran líquidos espesos, de color marronáceo; un bebé de ese mismo tono y una mamá con rostro de alivio.
Otra historia era la de aquel chico que miraba a una bella fémina. Le hacía ojitos y ella se sentía orgullosa. Intercambiaron miradas y elli, curiosi decidió indagar el futuro de la pareja. Al mirar dentro del alma del chico vio una oscuridad que provocó una frenada monumental. Diez minutos antes de subir al bus había matado a su madre y aún llevaba sangre bajo las uñas. Le embargó una angustia enorme que le llevó a observar los posibles futuros, uno de los cuales incluía a la chica muerta en un callejón. Rezaba para que ese final no fuera el elegido.
Y la historia final, la de una escena hermosa entre nieto y abuela. Él era un chico alto, de tez morena, que subió al bus junto a una señora mayor de ojos cansados pero especialmente bien arreglada. Pensó que irían a misa, pero no era hora. Hablaron de la ilusión que les hacía compartir una sesión de cine, una reposición de películas antiguas. Qué tierno era el afecto que se daban. Ellu pensaba que lo mejor de la creación fue esa chispa llamada amor y que no se equivocaron los Beatles al cantar All You Need Is Love.
Le gustaba terminar siempre con una reflexión: Tú los creas y ellos hacen lo que les da la gana.