Autor/a
ABELOK
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Relat lliure
Relat lliure

El diario del paciente 693

Esta mañana me encuentro bien, algo que no me sucede todos los días. Acabo de subirme al metro en la estación Arco de Triunfo; son las 9:30 y parece que no arranca. Me dirijo a mi cita con mi psiquiatra, el doctor Garrido. Desde hace ocho meses me estoy visitando con él. La razón: psicosis.

Es cierto que la medicación me ayuda, pero no todos los días son buenos para mí. Me proporciona esa estabilidad mental que necesito, pero en la soledad de mi habitación, cuando cae la noche, las cosas son distintas. Las sombras de mi cuarto se convierten en espectros que parecen bailar danzas macabras. Las voces casi siempre hablan de lo mismo. Algunas veces me parece oír conversaciones al otro lado de la pared de mi cuarto; otras veces, esas voces simplemente las escucho en el interior de mi mente.

Sé con certeza que estoy enloqueciendo, si es que no lo estoy ya. Es curioso y espantoso a la vez saber que, tarde o temprano, voy a terminar sumido en un mundo de monstruos, ángeles y demonios. No es que sea muy religioso, la verdad; toda mi familia es atea y mi educación se ha basasado siempre en la ciencia.

Este diario lo escribo porque el doctor me lo ha recomendado . Dice que me ayudará a ordenar mis ideas. La visita con el psiquiatra ha sido rutinaria: le he cuentado cómo estoy, me ajusta la medicación y me ha mandado para casa.

Son las dos de la mañana y no puedo dormir. Hay una presencia alargada, sin rostro, con corbata y vestida de negro en la esquina de mi habitación. Me encuentro escribiendo en la oscuridad de la noche. Su sonrisa es retorcida y su jadeo animal lo oigo entrecortado. Necesito gritar, pero estoy paralizado.

Cuando estoy al borde de la desesperación, de repente comienza a hablar. Su voz no es humana. No logro distinguir el idioma en el que se expresa, pero sé que no parece un idioma humano. En mi habitación baja la temperatura. Tengo mucho frío y, cuando respiro, mi aliento forma un vapor que se extiende delante de mi cara.

Creo que es un ser del inframundo, del infierno, del Gehena.

De repente levanta un brazo y señala el viejo armario que tengo delante de mi cama. Las puertas se abren solas. Estoy aterrado. Dentro del armario solo puede verse oscuridad.

Me levanto de milagro, ya que siento mi cuerpo como si fuera de piedra. Mis huesos me duelen por el frío de la habitación y mis músculos no responden por el miedo.

Una vez delante del armario abierto, observo la negrura de su interior. Aquella oscuridad es equiparable a las profundidades de los abismos. De repente dirijo la mirada hacia donde está aquel ser, pero compruebo que ya no está.

No está físicamente, pero siento cómo algo me observa desde la quietud de la noche. Siento unos profundos ojos de azabache vigilándome, y sé que son los mismos de aquel espectro.

Vuelvo a la cama, aún con el armario abierto. Estoy temblando de miedo. Aunque no soy religioso, solo puedo empezar a implorarle a Dios que me libre de esta terrible escena.

¿Es mi pequeño piso el que está embrujado?
¿Soy yo el que está maldito?
¿O simplemente es mi enfermedad la causante de esta angustiante escena?

No lo sé ni lo sabré nunca. Solo sé que tengo miedo.

Por mucho que oro a Dios, todo no ha hecho más que empezar.

No sé cuánto tiempo ha pasado. Solo sé que, de repente, veo las paredes blancas.

¿Dónde estoy?

Todo desaparece y vuelvo a estar tranquilo.

Entonces lo sé.

Estoy en el hospital psiquiátrico.