Autor/a
San Wolff
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Oda al vagón

Gigante de metal que me transporta de arriba a abajo, y de izquierda a derecha, en cuestión de parpadeos en un mundo que no conoce el sol.
Laberinto invisible de grandes nombres, colores y números que bailan solos hasta entrelazarse sutilmente, dando vida (todos los días) a una sinfonía de rostros que van, vienen, llegan y parten.

Tus vagones confirman que se puede viajar en el tiempo, sin salir del presente. En pocos minutos nos transportas a un mundo de culturas, a periodos ya pasados, y hacia futuros venideros.

Cada mañana dictas coreografías nunca ensayadas, pero que todos conocemos, como si hubiésemos nacido con dichos pasos incluidos en el ADN.
Biblioteca estática, pero siempre en movimiento. Tramo momentáneo en donde se gozan los mejores maratones de lectura, ya sea sentado, de pie o apretado en un mar de gente.

Tus entrañas son una sala de conciertos permanente, donde nos deleitamos con los clásicos de siempre, a través de las voces de los de nunca; generando sonrisas, aplausos y recuerdos de humanidad compartida en medio de la vorágine del reloj incesante del siglo XXI.

Espacio de llanto y lamento, de pañuelos usados y abrazos angostos. Terapia cotidiana que reconforta a su llegada y desplaza los malos tragos conforme se muda de estación.

Territorio de risas y festejos—individuales y colectivos—, pista de baile improvisada entre propios y extraños, ya sea un sábado a las dos de la madrugada, o bien un lunes a las seis de la mañana.

Memoria viva de un subsuelo en constante cambio y movimiento, que emerge de sus propias cenizas todos los amaneceres para unirse, con aquel rebaño sagrado que habita en el concreto y que va siempre a galope veloz en busca de tus puertas y colores.

Guion cotidiano de sonidos y voces muy cercanas, que todo quien te sabe reconoce. Desde el simple “BIP” a la entrada, hasta el diálogo incesante entre él y ella. Siempre recitando, con el mismo tono de voz, las normativas en tu geografía, así como de sus estaciones, sus llegadas y también sobre las salidas de tus múltiples convoyes.

Obra de teatro en donde nunca falta el pobre personaje ingenuo que no llega a tiempo, y debe presenciar tu partida con dolor, como la de un hijo al extranjero, todo ello acompañado de un dramático cese de puertas, que mientras cierran son guiadas al son de ese primer “BIP” inicial, pero esta vez repetido velozmente, en señal de la clausura y la partida.

Faltarían hojas en la tierra para escribir historias sobre ti, no hay un solo ente en este mundo que no cargue una anécdota a tu lado; la llevan en su bolsillo junto al cambio. Eres el confidente más leal, el que todo sabe, pero todo calla. ¿Qué no habrán visto tus entrañas?

Ansío el momento en que tus muros y vagones se decidan a hablar, para relatarnos en primera persona todo lo que ha acontecido y acontece en tu mundo paralelo de túneles infinitos; sin embargo, hasta que eso no ocurra, yo seguiré narrando lo que veo a través de ti, porque todo inicia y termina contigo.