Autor/a
Juliacp292
Categoria
Relat lliure
Pañuelo de una desconocida
La llamada había sido tan repentina que aún no sabía que emoción era más fuerte, si la tristeza o la rabia.
Aquella boca del metro L5 ahora mismo parecía la de un gran monstruo que quería engullirla sin dejar rastro de ella, bajó las escaleras poco a poco, no quería llegar, no tenía prisa. Se dió cuenta que su targeta casual estaba vacía completamente, últimamente había gastado tantos viajes para ir a ese mismo lugar que no se había percatado... fue hacia la máquina y la recargó, lentamente, todo lo hacía lentamente. Pasó la targeta y bajó al andén, "3 min" ponía la pantalla, no le hizo falta contar las paradas que eran, solooñ era llegar a final de línea, hospital vall d'Hebron.
Ella como enfermera siempre había pensado en este momento, había convivido con la muerte tantas veces, y cuando es tuya, cuando ese velo negro se cierne sobre ti, todas aquellas palabras que has ofrecido tantas veces parecen vacías, sin alma.
Pi pi pi, en sus pensamientos no se había dado cuenta que el metro había llegado y corrió para poder alcanzar aquella puerta que la encerraría hasta el final.
Al entrar miró a su alrededor, no era hora punta, había varios asientos libres, y, tras pensarlo, decidió sentarse sola y apartada, cogió sus cascos y se puso Frozen, no sabe porque pero esa música siempre le daba fuerzas cuando algo iba mal. Cerró lo ojos y se dejó llevar por las melodías.
Al abrirlos, una mano le tendía un pañuelo, " todo en esta vida es tiempo, el dolor nunca permanece de la misma forma" le dijo aquella señora que rondaría los 80 años, se tocó la mejilla, la tenía empapada de lágrimas.
Cogió el pañuelo que le ofrecía aquella mujer que inevitablemente le recordaba tanto a aquella otra mujer que tanto amaba de pelo cano y de la cual iba a despedirse una última vez. "Gracias" y le sonrió, ella le devolvió esa sonrisa, mostraba una sonrisa leal y de ánimos , la suya no sabía bien que reflejaba en ese momento.
Pipipi, última parada, la salida del metro le resultó igual de negra que a la entrada, pero a la salida un pequeño rayo de luz la cegó, el hospital se alzaba monstruoso unos pocos metros más adelante, "suéltalo suéltalo" resonaba en ese momento en sus oídos, cogió aire y el pañuelo de aquella desconocida del metro con fuerza y empezó a andar hacia la dura despedida
Aquella boca del metro L5 ahora mismo parecía la de un gran monstruo que quería engullirla sin dejar rastro de ella, bajó las escaleras poco a poco, no quería llegar, no tenía prisa. Se dió cuenta que su targeta casual estaba vacía completamente, últimamente había gastado tantos viajes para ir a ese mismo lugar que no se había percatado... fue hacia la máquina y la recargó, lentamente, todo lo hacía lentamente. Pasó la targeta y bajó al andén, "3 min" ponía la pantalla, no le hizo falta contar las paradas que eran, solooñ era llegar a final de línea, hospital vall d'Hebron.
Ella como enfermera siempre había pensado en este momento, había convivido con la muerte tantas veces, y cuando es tuya, cuando ese velo negro se cierne sobre ti, todas aquellas palabras que has ofrecido tantas veces parecen vacías, sin alma.
Pi pi pi, en sus pensamientos no se había dado cuenta que el metro había llegado y corrió para poder alcanzar aquella puerta que la encerraría hasta el final.
Al entrar miró a su alrededor, no era hora punta, había varios asientos libres, y, tras pensarlo, decidió sentarse sola y apartada, cogió sus cascos y se puso Frozen, no sabe porque pero esa música siempre le daba fuerzas cuando algo iba mal. Cerró lo ojos y se dejó llevar por las melodías.
Al abrirlos, una mano le tendía un pañuelo, " todo en esta vida es tiempo, el dolor nunca permanece de la misma forma" le dijo aquella señora que rondaría los 80 años, se tocó la mejilla, la tenía empapada de lágrimas.
Cogió el pañuelo que le ofrecía aquella mujer que inevitablemente le recordaba tanto a aquella otra mujer que tanto amaba de pelo cano y de la cual iba a despedirse una última vez. "Gracias" y le sonrió, ella le devolvió esa sonrisa, mostraba una sonrisa leal y de ánimos , la suya no sabía bien que reflejaba en ese momento.
Pipipi, última parada, la salida del metro le resultó igual de negra que a la entrada, pero a la salida un pequeño rayo de luz la cegó, el hospital se alzaba monstruoso unos pocos metros más adelante, "suéltalo suéltalo" resonaba en ese momento en sus oídos, cogió aire y el pañuelo de aquella desconocida del metro con fuerza y empezó a andar hacia la dura despedida