Autor/a
Andrea
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
La Vall
La bestia no está bajo la cama
Es un bus TMB. No me importa, pero Nía apreciaría el detalle.
De estar viva.
Reconozco al conductor, pero no digo nada cuando nuestros ojos se encuentran. Sonrío, pero mis rodillas flaquean.
Muerte.
Busco un asiento alejado.
Mis ojos escanean el limitado espacio en busca de un escudo humano. Solo dos personas. Un delgado hombre trajeado y una chica de aspecto enfermizo. Ninguno de los dos podría salvarme.
Aire.
Necesito
Aire.
Frenazo.
Nos detenemos.
Pulso disparado.
El conductor se vuelve y me mira.
Sabe quién soy.
—Tengo un anuncio importante. —Su voz es profunda, gentil. Lleva grabada en mi cabeza desde hace añosañosaños
—¿Cambio de ruta? —pregunta Traje y mira su reloj.
Sí. Porfavorporfav...
—De este bus podrá bajarse solo quien mate a uno de los otros pasajeros.
Silencio.
Miradas incómodas. De esas que dicen “Yo nunca mataría a nadie” hasta que lo hacen.
—Tú —susurra Flaca—. Sé quién eres. Eras profesor de biología. Mataste a una alumna.
El conductor mantiene su expresión neutra.
—Ya pagué por mi crimen.
—Saliste después de 11 años por un soborno. ¿Eso te parece pagar por tu crimen? —Traje parece irritado—. No voy a morir a manos de un cobarde que ni cumplió su condena.
Rápido. Demasiado rápido.
Traje salta de su asiento y se abalanza sobre el conductor con una agilidad de atleta.
Golpe en la cabeza.
Fuerte.
Traje cae al suelo.
Inmóvil.
El conductor baja el puño.
Nuestros ojos se encuentran por tercera vez.
—¿Qué pretendes? —Mi voz es plana.
—Ya lo he dejado claro.
Flaca grita e intenta despertar a Traje. Alza la vista, ojos encharcados en lágrimas.
—¡Yo jamás mat...!
No termina la frase.
Mis dedos envuelven su garganta como boas constrictoras. Ella araña el dorso de mis manos, sus ojos se vuelcan.
Pronto deja de resistirse.
El conductor chasquea la lengua.
—No has cambiado nada.
—¿Puedo irme ya? —Suelto el cuerpo sin vida.
—¿Te arrepientes de haberla matado?
—Era necesario.
—No hablo de ella. Hablo de Nía.
Recuerdos desagradables resucitan. Mía. Popular, querida, siempre sonriente.
Mala.
¿mala?
mala.
—La mataste tú. —Me cruzo de brazos.
—Sabes que no es así.
Aprieto los puños.
No.
Para.
Paraya...
—Hablé contigo —mi voz suena vacía—. Te hablé de las libretas mojadas, los chicles en el pelo, los bolis robados. Y no hiciste nada.
—¿Por eso me echaste la culpa?
—Así me libré de los dos. Dos pájaros de un tiro.
—Me arruinaste la vida —achica los ojos. Un lobo estudiando a una inocente corderilla.
Porque soy inocente.
No he hecho nada malo.
Nada
Nada malo
¿Karma
—Incluso después de salir de la cárcel, todo fue un infierno. No me contrataron en ninguna parte. Por eso dediqué mi vida a la tuya. Durante años. Para aprenderme tu rutina. Sé que siempre vas de fiesta los viernes y usas este bus para volver a casa. Y mira tú, conseguí hacerme conductor.
Escalofrío.
—¿Qué pretendes con esto?
Carcajada.
Salvaje.
Hay algo divertido.
¿Qué es lo divertido?
Un ruido.
detrás
Traje está en pie con un teléfono en la mano. La cámara está dirigida hacia mí.
—¡Todo esto ha sido transmitido en directo a todo el mundo! —Ni se atreve a mirarme a los ojos. Cobarde.
Contemplo el cadáver de la chica a mis pies.
—¿De verdad me has hecho matar a una inocente solo para exponerme? —le pregunto a mi exprofesor, sin prestarle más atención a su compinche.
Él ni se inmuta.
—Era un sacrificio necesario.
—Eres más monstruo que yo.
El ríe otra vez, pero ahora su risa es distinta. Amarga.
—Yo no te escuché en su día y ya pagué por mi error. Ahora debes pagar por el tuyo.
De estar viva.
Reconozco al conductor, pero no digo nada cuando nuestros ojos se encuentran. Sonrío, pero mis rodillas flaquean.
Muerte.
Busco un asiento alejado.
Mis ojos escanean el limitado espacio en busca de un escudo humano. Solo dos personas. Un delgado hombre trajeado y una chica de aspecto enfermizo. Ninguno de los dos podría salvarme.
Aire.
Necesito
Aire.
Frenazo.
Nos detenemos.
Pulso disparado.
El conductor se vuelve y me mira.
Sabe quién soy.
—Tengo un anuncio importante. —Su voz es profunda, gentil. Lleva grabada en mi cabeza desde hace añosañosaños
—¿Cambio de ruta? —pregunta Traje y mira su reloj.
Sí. Porfavorporfav...
—De este bus podrá bajarse solo quien mate a uno de los otros pasajeros.
Silencio.
Miradas incómodas. De esas que dicen “Yo nunca mataría a nadie” hasta que lo hacen.
—Tú —susurra Flaca—. Sé quién eres. Eras profesor de biología. Mataste a una alumna.
El conductor mantiene su expresión neutra.
—Ya pagué por mi crimen.
—Saliste después de 11 años por un soborno. ¿Eso te parece pagar por tu crimen? —Traje parece irritado—. No voy a morir a manos de un cobarde que ni cumplió su condena.
Rápido. Demasiado rápido.
Traje salta de su asiento y se abalanza sobre el conductor con una agilidad de atleta.
Golpe en la cabeza.
Fuerte.
Traje cae al suelo.
Inmóvil.
El conductor baja el puño.
Nuestros ojos se encuentran por tercera vez.
—¿Qué pretendes? —Mi voz es plana.
—Ya lo he dejado claro.
Flaca grita e intenta despertar a Traje. Alza la vista, ojos encharcados en lágrimas.
—¡Yo jamás mat...!
No termina la frase.
Mis dedos envuelven su garganta como boas constrictoras. Ella araña el dorso de mis manos, sus ojos se vuelcan.
Pronto deja de resistirse.
El conductor chasquea la lengua.
—No has cambiado nada.
—¿Puedo irme ya? —Suelto el cuerpo sin vida.
—¿Te arrepientes de haberla matado?
—Era necesario.
—No hablo de ella. Hablo de Nía.
Recuerdos desagradables resucitan. Mía. Popular, querida, siempre sonriente.
Mala.
¿mala?
mala.
—La mataste tú. —Me cruzo de brazos.
—Sabes que no es así.
Aprieto los puños.
No.
Para.
Paraya...
—Hablé contigo —mi voz suena vacía—. Te hablé de las libretas mojadas, los chicles en el pelo, los bolis robados. Y no hiciste nada.
—¿Por eso me echaste la culpa?
—Así me libré de los dos. Dos pájaros de un tiro.
—Me arruinaste la vida —achica los ojos. Un lobo estudiando a una inocente corderilla.
Porque soy inocente.
No he hecho nada malo.
Nada
Nada malo
¿Karma
—Incluso después de salir de la cárcel, todo fue un infierno. No me contrataron en ninguna parte. Por eso dediqué mi vida a la tuya. Durante años. Para aprenderme tu rutina. Sé que siempre vas de fiesta los viernes y usas este bus para volver a casa. Y mira tú, conseguí hacerme conductor.
Escalofrío.
—¿Qué pretendes con esto?
Carcajada.
Salvaje.
Hay algo divertido.
¿Qué es lo divertido?
Un ruido.
detrás
Traje está en pie con un teléfono en la mano. La cámara está dirigida hacia mí.
—¡Todo esto ha sido transmitido en directo a todo el mundo! —Ni se atreve a mirarme a los ojos. Cobarde.
Contemplo el cadáver de la chica a mis pies.
—¿De verdad me has hecho matar a una inocente solo para exponerme? —le pregunto a mi exprofesor, sin prestarle más atención a su compinche.
Él ni se inmuta.
—Era un sacrificio necesario.
—Eres más monstruo que yo.
El ríe otra vez, pero ahora su risa es distinta. Amarga.
—Yo no te escuché en su día y ya pagué por mi error. Ahora debes pagar por el tuyo.