Autor/a
Erika Moreno
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

La estación desconocida

¿Alguna vez habéis tenido alguna experiencia cercana a la muerte y que os haya marcado de por vida?
Yo sí, me llamo Natalia, y esta es mi historia.
Nos remontamos a hace 2 años. En ese entonces tenía 19 años y mi vida era tranquila y cálida, hasta que un día ocurrió algo inexplicable. Era un día sosegado como cualquier otro, volvía de trabajar en una pequeña tienda de barrio cansada y anhelante por llegar a casa. El transporte que utilizaba siempre era el metro de Barcelona. Estaba estudiando para el carnet de coche y no tenía otra forma de desplazarme a mi centro de trabajo. La línea que utilizaba siempre era la L1, que se mantenía como la más concurrida en aquel entonces. Mi camino hacia casa era bastante largo, por lo que sin darme cuenta mis ojos me traicionaron y se hundieron en un sueño profundo. Al despertarme, me encontraba justo en medio de un túnel. Me dispuse a mirar el característico panel con las paradas que tenía la ruta, pero algo extraño sucedió: el túnel parecía infinito, y las estaciones estaban todas iluminadas dando a entender que ya habíamos recorrido toda la línea, entonces ¿hacia dónde me dirigía?
Después de varios minutos sin saber qué hacer, el vagón poco a poco iba frenando en una estación que nunca había visto en toda mi vida. Lo primero que hice fue utilizar mi teléfono para comunicarme con alguien y así pedir ayuda, pero no tenía nada de cobertura en ese andén. Decidí bajarme del vagón y encontrarme con una estación completamente diferente a lo que estaba acostumbrada. El ambiente era frío, los colores lúgubres me daban escalofríos y el silencio era lo que más me impactaba. No había ni un alma vagando por el andén. Opté por adentrarme en ese lugar y al final del pasillo, por fin vi una señal de vida. Un hombre bastante alto, de tez clara y ojos oscuros. Me acerqué a él para preguntarle dónde me encontraba y si podía ayudarme a llegar a mi destino.
—No deberías estar aquí —fue lo primero que me dijo. Sentí un escalofrío por todo el cuerpo.
—¿Podrías ayudarme? —le dije. El hombre me explicó que había atravesado la puerta hacia el limbo, un portal entre el mundo de los vivos y el mundo de los fallecidos, donde las personas se debatían en qué mundo deberían estar. Al escuchar su explicación me quedé totalmente atónita, me dijo que debería encontrar un familiar mío, que él no me podía ayudar, solo los familiares tenían esa clase de poder. Pasaron unos minutos asimilando la noticia hasta que me dije a mí misma que si quería salir de ese sitio tan escalofriante con vida, era mejor que me pusiera en marcha, ya que no sabía cuánto tiempo tenía para poder volver a mi mundo. Caminando por el andén, encontré trozos de periódico por el suelo, un accidente de metro era el titular. No le di mucha importancia en ese momento, necesitaba ver a mi abuelo. No sé cuánto tiempo estuve buscando, pero finalmente encontré a mi abuelo, al verme se quedó petrificado.
—Mi niña, ¿qué haces aquí? Este no es tu sitio. Al verle se me saltaron las lágrimas y corrí a darle un abrazo, había fallecido hace unas semanas, por eso todavía no estaba en el otro mundo. Le expliqué la situación, conversamos felices y tras una despedida melancólica, me mandó de vuelta a mi mundo con un simple soplido. Desperté de vuelta en el vagón de la L1 sobresaltada, y desde ese entonces no he vuelto a ser la misma.
¿Y si el accidente que ponía en los periódicos del limbo realmente pasó y estoy en un sueño eterno? Sea como sea, nunca lo sabremos.