Autor/a
M.P. Rey
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
IE El Molí
Relat escolar

El secreto de la amarilla

A Leo siempre le había gustado la línea 4 del metro de Barcelona. Era amarilla y le parecía especial. Cada mañana bajaba las escaleras de Poblenou y se subía al vagón, medio dormido.

Claudia siempre subía en Jaume I. Nunca se habían presentado, pero siempre coincidían en el mismo vagón. A veces se miraban un poco, pero luego apartaban la vista.

Un día pasó algo raro.

Cuando estaban los dos en el mismo metro, todo iba mejor. No había retrasos. Nadie gritaba. El metro hacía menos ruido al frenar. La gente parecía más tranquila.

—¿Tú también lo notas? —dijo Claudia.
—Sí… —dijo Leo—. Es raro.

Un día el metro se quedó parado en un túnel. Las luces parpadeaban y la gente se quejaba. Pero Leo y Claudia sintieron un latido suave, como si el metro tuviera corazón.

Se miraron y, de repente, las luces dejaron de parpadear. El tren volvió a moverse.

Desde ese día empezaron a hablar. Hablaban de exámenes, música y cosas del colegio.

Un día buscaron información y encontraron una leyenda. Decía que bajo la línea amarilla había una corriente secreta que mantenía la ciudad tranquila. Solo funcionaba cuando dos personas viajaban juntas y confiaban en el otro.

Decidieron probar. Un sábado recorrieron toda la línea sin bajarse. En cada estación sentían el latido más fuerte. La ciudad parecía más tranquila.

Pero unos días después discutieron y viajaron separados. Ese día hubo retrasos y problemas en el metro.

Entonces entendieron algo. No era casualidad. Eran ellos. Ellos conectaban la energía subterránea con la ciudad.

Un día, el metro se quedó parado de nuevo. Leo buscó a Claudia y le tendió la mano.

—Lo siento —dijo él.
—Yo también —dijo ella.

Se dieron la mano. El latido volvió. Las luces se arreglaron. El metro siguió el trayecto.

No sabían cuánto duraría ese poder, pero entendieron algo: mientras estuvieran juntos y confiaran, Barcelona seguiría funcionando en paz.

Porque a veces el corazón de la ciudad está bajo tierra.

Y ellos podían ayudarlo.