Autor/a
Nana
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Diez minutos de cafe

Cuando la ciudad aún bostezaba el metro ya estaba despierto...y yo necesitaba un café.
Mi jornada empezaba muy temprano con la misma hora que arrancaba el metro.Solia coger el segundo que salía.

A pesar de la hora,ya iba bastante gente.
Caras medio dormidas,abrigos cerrados hasta el cuello y el silencio propio de quien aún no ha terminado de despertar..
El café del desayuno,se me había acabado el día anterior,así que al salir me pare en el bar de la estación.
Nunca lo había hecho,pero sabía que no encontraría nada abierto y el frío de la mañana,se me había metido en los huesos

Detrás de la barra,de espaldas un señor mayor preparaba una infusión.Al girarse,me sonrió.
!Buenos días!Hace frío,que te apetece tomar?
-Un café con leche,por favor,muy caliente.
Me acomode en la barra,mientras lo preparaba.El local era antiguo,de los que parecen haber visto muchas madrugadas,pero estaba limpio y cuidado.
Poco a poco fueron entrando más clientes.
El café estaba buenísimo,en el plato un trocito de bizcocho,que acepte de buen grado.
Me quedé tan a gusto observando aquel pequeño rincón de vida,que tuve que salir corriendo para no llegar tarde al trabajo.
Al caer la tarde,cuando volví a pasar,el señor estába barriendo,me saludó -?Ya para casa?Que tengas buena tarde.
Y así sin darme cuenta,empecé a parar cada día.
En aquella barra se contaban historias de madrugada,trabajos que empezaban pronto,turnos que terminaban tarde y los que iban de fiesta
Era la única mujer a esas horas,pero nunca me sentí incómoda.
Siempre había una sonrisa,un saludo.
Apenas diez minutos con un café en las manos.,pero sin querer,llenaban una parte de mi vida.
Una mañana, Genaro -asi se llama el dueño-nos sorprendió con un cartel escrito a mano.
! APROVECHA,HOY El CAFÉ ES GRATIS!
Nos miramos extrañados y preguntamos que pasaba.
Genaro puso su mejor sonrisa,aunque los ojos delataban tristeza.
"El metro cierra el bar;los tiempos cambian y yo me jubilo.Asi podré disfrutar de mis nietos.

Durante un tiempo,al pasar veía la persiana cerrada,cada vez más cubierta de polvo.
Hasta que un día,apareció una máquina expendedora de agua y refrescos.
Todo era más rápido,más moderno,pero no estaba Genaro.
Ni el café humeante.
Ni el trocito de bizcocho que sabía a casa.
Los tiempos cambian.
Hoy soy yo quien me jubilo,seguiré cogiendo el metro alguna vez,aunque no con tanta prisa.
Pero hay cosas que no se olvidan,por qué durante años mi jornada no empezaba cuando llegaba al trabajo.
Comenzaba cuando la ciudad aún bostezaba...con un café caliente en la barra de Genaro.
Y entendí que a veces el servicio publico se sirve en tazas de café..