Autor/a
Marta
Categoria
Relat lliure
Las chicas del H6
A Laura se le hace pesado el trayecto para ir a trabajar. Antes iba en su coche pero la empresa se trasladó y ahora va en bus. Coge el H6 a cinco minutos de casa, y el final de la línea la deja a pocos metros de la oficina. Pilla el de las 7:15, así se asegura de ir con tiempo para tomarse otro café, y afrontar con energía los asuntos del día Piensa, mientras espera bajo la marquesina que desde que ha conocido a las chicas se le hace ameno el viaje, y eso que al principio las rehuía. Subía y una vez acomodada en el asiento, sin quitarse las gafas de cristales tintados, meditaba si podía, pues esas voces que le llegaban desde un lado del autobús, siempre las mismas, la distraían y sacaban de su ensoñación. Procuraba colocarse lo más lejos posible de esas seis o siete mujeres que parloteaban y reían sin parar. También recuerda como empezó a conocerlas. Ese día el H6 estaba muy concurrido y solo al fondo había un hueco justo al lado de esas escandalosas. La morenita se levantó y le dijo — Señora siéntese.
—No, gracias
—¡Qué se siente!, insistió con voz de mando y una sonrisa inmensa
—Bueno… ¡A la orden! dijo (haciendo el gesto de un saludo militar) y nada de señora, soy Laura
.—Jajaja, yo Cris y estas son…
Desde ese día en cuanto la ven aparecer le hacen señas para que se una al grupo. Hablan de sus vidas; trabajos, familias, dolores, miedos, alegrías y esperanzas.
Cristina; caramelito de azúcar moreno, su corazón maltrecho, desde que enviudó, es más grande que la Sagrada Familia. Yoli; voz cantarina de altos decibelios, las hace reír y adoctrina sobre los placeres del espíritu y la carne. En breve se bajará del bus, como Laura se bajó hace un año. Pero no van a perderse; los seres de luz no se deben de soltar nunca. Núria; la pequeña de la peña es madre coraje. Ganadora de todas las batallas por los suyos. Pepa y Encarna; la una discreta, coqueta, amable y cariñosa. La otra explosiva, zalamera, puntillosa y respetuosa. Un dúo genial. Emilia; de semblante sereno y serio, que muta al instante cuando sueltan cualquier burrada. Superviviente de un mal que asusta. Conchita; presidenta de la lotería, veterana cofundadora del grupo. Su jubilación merecida y los huesos frágiles la alejaron de la ruta. Asiste puntual a cada encuentro.
Baja por mayor de Sarria una pareja típica del barrio: ella le comenta a él,—Mañana tengo comida con las chicas—
—¿Con las del pádel?
—No, con las del H6
—No lo entiendo, ¿qué pintas tú, con unas mujeres que nada tienen que ver contigo?
—Más de lo que crees. Son luchadoras, divertidas y son mis amigas. Mejores que esas estiraditas de vida regalada que rondan por el club—
—De acuerdo, tu sabrás—
Las chicas hoy están de fiesta. Reunidas en el restaurante, entre abrazos, risas y copas, disfrutan de la comida que les sirve la camarera, que muy cordial les pregunta en que trabajan.
—Somos chelis… o como se diga ezo—dice Encarna.
—Quiere decir Kellys, limpiamos todo lo que haga falta sobre todo el mal humor, apunta Laura, orgullosa y sin vacilar.
—No, gracias
—¡Qué se siente!, insistió con voz de mando y una sonrisa inmensa
—Bueno… ¡A la orden! dijo (haciendo el gesto de un saludo militar) y nada de señora, soy Laura
.—Jajaja, yo Cris y estas son…
Desde ese día en cuanto la ven aparecer le hacen señas para que se una al grupo. Hablan de sus vidas; trabajos, familias, dolores, miedos, alegrías y esperanzas.
Cristina; caramelito de azúcar moreno, su corazón maltrecho, desde que enviudó, es más grande que la Sagrada Familia. Yoli; voz cantarina de altos decibelios, las hace reír y adoctrina sobre los placeres del espíritu y la carne. En breve se bajará del bus, como Laura se bajó hace un año. Pero no van a perderse; los seres de luz no se deben de soltar nunca. Núria; la pequeña de la peña es madre coraje. Ganadora de todas las batallas por los suyos. Pepa y Encarna; la una discreta, coqueta, amable y cariñosa. La otra explosiva, zalamera, puntillosa y respetuosa. Un dúo genial. Emilia; de semblante sereno y serio, que muta al instante cuando sueltan cualquier burrada. Superviviente de un mal que asusta. Conchita; presidenta de la lotería, veterana cofundadora del grupo. Su jubilación merecida y los huesos frágiles la alejaron de la ruta. Asiste puntual a cada encuentro.
Baja por mayor de Sarria una pareja típica del barrio: ella le comenta a él,—Mañana tengo comida con las chicas—
—¿Con las del pádel?
—No, con las del H6
—No lo entiendo, ¿qué pintas tú, con unas mujeres que nada tienen que ver contigo?
—Más de lo que crees. Son luchadoras, divertidas y son mis amigas. Mejores que esas estiraditas de vida regalada que rondan por el club—
—De acuerdo, tu sabrás—
Las chicas hoy están de fiesta. Reunidas en el restaurante, entre abrazos, risas y copas, disfrutan de la comida que les sirve la camarera, que muy cordial les pregunta en que trabajan.
—Somos chelis… o como se diga ezo—dice Encarna.
—Quiere decir Kellys, limpiamos todo lo que haga falta sobre todo el mal humor, apunta Laura, orgullosa y sin vacilar.