Autor/a
Pablo Huelves
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

UN RAYO DE SOL EN EL AUTOBÚS

Era 25 de abril y en el autobús había una chica sentada en el penúltimo asiento. Estaba sola y un rayo de luz que entraba por la ventana iluminaba su cabello rubio. Por un momento, mientras marcaba mi billete, percibí su imagen como si viniera de un paraíso. Esa visión me atrajo hacia ella; fui a donde estaba sentada, pero no puede decirle nada. Fue ella la que se volvió hacia mí, con el rayo de sol aún brillando en su pelo, y me dijo sonriente: “¡Qué luz más bonita entra por la ventana; te da la vida¡”. Empezó a hablar de forma plácida, con una calma que transmitía paz. “Me llamo Lucía y tú”, y luego hablamos los cuarenta minutos que duró el trayecto hasta el final. “Me gusta hablar contigo; mañana nos vemos en este autobús, a la misma hora” me dijo cuando se bajó en la última parada y desapareció entre la multitud de turista de la plaza Catalunya.

Durante muchos días cogí el mismo autobús, a la misma hora, con el mismo conductor, pero Lucía nunca estaba allí. Siempre me sentaba junto al asiento donde ella estaba la otra vez, por si se subía en otra parada, pero nunca apareció por el autobús. Cuando pasaron esos días, convencido de que su propuesta de vernos el día siguiente no era una cita, era un hablar por hablar, por si la casualidad nos volvía a juntar, dejé de esperar encontrarla otra vez.

Poco después, la vida me alejó de la ruta de ese autobús que nos unió durante cuarenta minutos. No fue hasta pasados siete años que no volví a montarme otra vez en unos de esos autobuses de la misma linea. Debió ser la casualidad la que hizo que ese día fuese otra vez 25 de abril y que un rayo de sol entrase por la ventana. Y, sorprendido, vi que ese rayo se reflejaba en el pelo de Lucía, ¡siete años después¡ Me acerqué con una alegría contenida, la había casi olvidado pero, al verla allí, volvió mi interés por ella

“Hola, ¿cómo no has venido en estos siete días? Habíamos quedado en vernos…al día siguiente” me dijo en cuanto me senté a su lado. Ella estaba igual, como si solo hubiese pasado una semana, como si los siete años solo hubiesen pasado en mí. Incluso su ropa parece que se había quedado algo anticuada. Antes de que yo pudiera decir aquello de: “¡Pero…si han pasado siete años¡ Eres tú la que no ha venido a la…cita”, ella ya estaba hablándome con esa calma que tanto me gustó la otra vez, envolviéndome con su fascinante conversación. Yo me olvidé de los años que habían pasado y ella me hablaba como si solo hubiese pasado una semana. Cuando llegamos al final de la linea, ella volvió decirme que mañana nos veríamos en el mismo autobús. a la misma hora y volvió a perderse entre la gente.

Fui pasando todos los días pero ella no estaba allí, otra vez había incumplido su cita, o no. El 25 de abril del año siguiente, un rayo de sol entraba por la ventana del autobús, como las otras veces, y ella estaba allí sentada, y me sonreía mientras me acercaba hacia ella. “Esta vez si que has venido. ¿Qué tal ayer? ¿Viste la peli que echaron en la tele?”, para ella solo había pasado un día.

Han pasado veinte años, y durante esos veinte años, todos los 25 de abril me subo en ese autobús mágico sabiendo que ella estará allí. Para ella solo han pasado veinte días, pero, cuando me ve, parece ignorar las marcas que viene años han dejado en mi rostro. Ella me habla de las cosa que hizo la noche anterior mientras el rayo de sol que entra en el autobús ilumina su cabello rubio.