Autor/a
Pasajero
Categoria
Relat persones traballadores de TMB
Relat lliure

Universos en tránsito

Camino absorto por el andén, como un autómata que repite una órbita conocida.
Mismas caras girando a mi alrededor: mi pequeño universo de amigos desconocidos.
¿Dónde estará aquel señor mayor al que llevo sin ver dos semanas?
¿Estará bien?
No le conozco, pero su ausencia es como un eclipse inesperado.
La chica joven —la que imagino que va a la universidad— sí está. Hoy parece preocupada; quizá tenga un examen.
Subimos al vagón. Nuevas pantallas, más información… pero el mismo recorrido de siempre, como un ritual orbital silencioso y repetido.
Ellos no son conscientes, ni deben serlo, del trabajo invisible de tantos profesionales para que, cada pocos minutos, llegue un tren sin demora.
Nuestro universo rueda sin que nadie mire el engranaje.
Las vidas siguen: preocupaciones, alegrías, pequeñas batallas invisibles.
Me siento e intento leer, pero la tentación del móvil es difícil de resistir. Miro alrededor: la mayoría está igual.
Nadie se mira, nadie se aburre, nadie parece pensar.
Sigo pasando revista a mis extraños familiares.
La madre con su hijo pequeño, hoy con ojeras de noche turbulenta.
Los dos hombres de mediana edad que van al trabajo en silencio, el cansancio del obrero pesándoles como si fuera gravedad.
El grupito de chavales que ríe y grita, todavía libre de las cadenas y cicatrices de la vida adulta.
Pasan las paradas.
Mis casi extraños se despiden, uno a uno, en su coreografía diaria.
Va llegando mi hora. Me toca bajar, cambiar de universo.
Salgo a la calle: hace frío todavía, pero se agradece ver la luz de primera hora.
Otro ambiente.
Otros compañeros anónimos.
En la parada del autobús, muchos trabajadores humildes camino de los polígonos industriales: silencio, cansancio, dignidad.
Me subo; sin suerte, voy de pie.
Quedan pocas paradas para llegar al inicio de otro día laboral.
El eterno retorno del día a día y del trabajar por, y para, poder desplazarme con libertad.
En una de las paradas aparece un compañero.
Él no es una sombra anónima; su presencia rompe la inercia.
Hablamos un poco.
A estas horas, cualquier gesto humano parece un destello.
Se vacía el autobús; casi llegamos.
Todos los desconocidos de mi historia habrán llegado a su destino.
Cada uno, un universo entero que jamás conoceré.
Y, sin embargo, sin ellos, mis mañanas serían menos vivas.
Cada uno es digno de protagonizar este relato o incluso un libro.
Me bajo del autobús. El trayecto termina.
Mañana repetiremos la coreografía.
Y espero de verdad que ninguno de mis compañeros de constelación diaria falte a la cita.
Porque incluso los desconocidos sostienen, sin saberlo, la forma de nuestro mundo.