Autor/a
Pepa
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Plasticina

​Vivo casi al final de la L2. Vivo y vivía, porque en las tres ciudades en las que he habitado ha sido así: lo suficientemente lejos para gastar tres horas de mi día en el transporte público y lo suficientemente cerca para mimetizarme con los locales. La única diferencia es el color: amarillo, naranjo y finalmente morado.
​Una búsqueda rápida en internet elimina mis ilusiones cuando descubro que mezclar los tres colores lleva a un tono neutro, al marrón. No puedo evitar pensar en las veces en que, de niña, el impulso me ganó y terminé por mezclar la plasticina, para después llorar con pena porque, amasando lo suficiente, ya no era el arcoíris inicial sino un homogéneo gris, aburrido y cada vez más duro.
​Supongo que eso es lo que llevo haciendo hasta ahora. Me fui de Santiago buscando nuevos colores y llegué a Berlín. Amasé y amasé, y una vez que ambas experiencias se empezaron a cruzar y volver incoloras, me mudé de nuevo. Ahora estoy en Barcelona y el color de mi línea es morado. Amaso esta ciudad junto a las otras y parece poesía que pueda haber tanta homogeneidad entre tres lugares tan distantes.
​Un bebé llora. Alguien se maquilla con el cabello aún mojado para llegar al trabajo a tiempo. Un hombre pasa entre los cuerpos apretados pidiendo limosna. ¿Santiago, Berlín o Barcelona?
​El traqueteo de la L2 mientras cruza hacia Paral·lel es el rodillo que sigue amasando mi historia. Mi vida es una bola de plasticina que, de tanto viajar, se ha vuelto de ese color tierra que tienen los que ya no son de ninguna parte.