Autor/a
MaRpe
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

ENTRE PARADAS

Alba está de pie, concentrada en mantener el equilibrio entre su cuerpo y los ágiles movimientos del metro. El único contacto de dos de sus dedos de la mano izquierda la sujetan a un asidero en el medio de dos asientos de color gris, reservados para personas con movilidad reducida.
A cada lado de su único punto de apoyo, dos chicas jóvenes que parecen muy amigas, ríen a carcajadas contándose secretos de la noche que acaban de disfrutar, sino fuera por los escandalosos chillidos que las acompañan cada vez que el metro coge velocidad.
Alba mira en todas direcciones buscando cualquier hueco que la aleje de allí, sin éxito.
Aunque ha agradecido refugiarse del frío y la lluvia de la calle, el calor dentro del vagón es asfixiante. Empieza a quitarse la chaqueta color canela que lleva colgando de su mano libre y continúa desprendiéndose de toda la ropa que puede, sin llamar demasiado la atención.
Le cuesta mucho mantener el equilibrio, mucho más de lo normal.
Un sudor frío y nervioso, recorre su cuerpo cuando un giro de las vías le hace caer sobre el pecho de un señor, no tan alto como para dejar de respirar su “perfumado” olor a sudor, ahora impregnado en su cara.
Se siente aún más mareada y con nauseas, pero se mantiene de pie porque es imposible caer en un espacio tan abarrotado de gente.
Empieza a perder fuerza la vergüenza del que dirán a seguir soportando su cuerpo erguido. Se sostiene entre los huecos que ya solo percibe, con el único objetivo de situarse bajo la salida del aire acondicionado. Sus neuronas ya no piensan, solo reaccionan dirigiéndose hacia la puerta de salida. Sin ser consciente de cómo, consigue llegar a poner su espalda, solo cubierta con una camiseta interior de tirantes, sobre la fría y vibrante puerta.
Siente un alivio tan inmediato como efímero.
¿Dónde está el aire acondicionado?
El equilibrio, la vergüenza y su falta de ropa han perdido la batalla. Se deja caer sin saber si la oscuridad es del túnel que atraviesan o de su mirada ya rehén de su cuerpo rendido.
Con instinto de supervivencia, busca al tacto en su bolso, como sólo ella sabe hacerlo. Coge un pequeño frasco de perfume que siempre lleva consigo. Esnifa el alcohol y se embadurna, esperando secar su sudor frío, para bajar los latidos del corazón al ritmo de un metro silencioso.
Como si de un tercer plano se tratara, se ve rodeada de zapatos, suciedad y alguna mirada que la observa sin inmutarse. En contra de lo que espera de la sociedad, esta vez agradece su indiferencia para poder engañarse y ser invisible.
Sin moverse del suelo y rociándose de nuevo con el perfume sobre su nuca empapada y blancas mejillas, coge su teléfono móvil para escribir a su mejor amiga, que espera el emoji de casa como el broche final de una noche cualquiera de las suyas, pero esta vez sólo le escribe: Puto tequila.